Golpe en Venezuela

Por Valentín Steimbreger

El mayor reservorio mundial de petróleo vive hoy un golpe institucional, diplomático y económico de envergadura liderado por Donald Trump que no ha descartado una intervención militar. El objetivo es claro: derrocar al gobierno legítimo de Nicolás Maduro e instaurar un nuevo régimen que garantice los negocios a las grandes multinacionales petroleras y mineras.  

A la situación ya conocida de guerra económica y el fogoneo permanente de grupos violentos opositores, se sumó estos últimos días que desde el 23 de enero un desconocido Juan Guaidó se autoproclamó “Presidente encargado” de Venezuela, y el reconocimiento inmediato de Donald Trump, como así también de la mayoría de los gobiernos de derecha de la región nucleado en el Grupo de Lima, Francia, España, entre otros, han llevado la coyuntura interna de Venezuela al plano de la geopolítica mundial.

Sin embargo, a este poder de presión se ha conformado un contrapoder basado en (al menos) dos factores y que hacen a la complejidad que conllevará las variadas soluciones al galimatías venezolano.

El primero es la división en el campo internacional. El reconocimiento y apoyo financiero al gobierno de dos potencias y miembros permanentes del consejo de seguridad de la ONU: Rusia y China. Sumado a aquellos países que urgen una negociación pacífica entre las partes como es el caso de los gobiernos de izquierda de Uruguay y México y hasta al propio Papa Francisco.

El segundo es el apoyo incondicional de las Fuerzas Armadas y de un importante núcleo duro poblacional del chavismo-madurismo, con capacidad para alzarse en armas en defensa del Gobierno.

Estos dos factores son los que están haciendo que todos los posibles futuros de la crisis estén latentes pero que aún todas las partes involucradas aun mantengan un manto de cordura, tanto interna como externa.  

Si bien se puede discutir las múltiples causas que han llevado a esta situación política, social y económica actual de Venezuela, inclusive los propios errores y aciertos del chavismo, la salida pacífica a la conflictividad interna está siendo seriamente minada por la irresponsabilidad de un mundo que gira a la derecha y en donde los intereses económicos huelen fuerte el olor a petróleo. Es en este contexto que a las políticas injerencistas se le debe anteponer el derecho internacional que respalda la  autodeterminación de los pueblos. Es decir, ni un Golpe de Estado y menos una invasión extranjera en nombre de la libertad. Solo los venezolanos con el apoyo de todos los países que busquen realmente una salida pacífica a esta coyuntura, deben ser los únicos que van a poder encontrar un camino viable que aniquile el sueño americano del hambre y la destrucción de los liberados por los marines.

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