Violencia es mentir (y laissez faire)

Vamos sin entradas, total, es imposible contener a esa gente

Culo veo, culo quiero

Así como el Indio hoy trasciende su poesía, su música, también su mito ha superado a su figura. Hoy ir a presenciar su recital es un hecho social. Van aquellos a los que emociona cada uno de sus versos pero también los que quieren saber de qué se trata o cumplir con un mandato social.

Más allá de la composición de clase, etaria, o hasta política, el asunto es cómo se actúa, cómo se posa ante cada convocatoria. En eso está, creemos, el meollo de lo sucedido el sábado en un contexto muy peligroso y que no debe minimizarse.

 

¿Cómo se llegó a que una nueva comunión entre Solari y sus seguidores tenga el final que conocemos? ¿Dista de lo sucedido en otras ocasiones? ¿Qué rol cumplieron los medios en todo el asunto?  ¿Y los que fuimos? ¿Cuándo decidimos que el dolor pese más que la satisfacción de estar allí?

De algo no hay duda, falló la co-organización pública-privada. La ciudad colapsó ante el arribo de tres veces su población oficial. ¿Ni la productora, ni el municipio, ni incluso el Indio previeron esto? Simples ejemplos: la salida se realizó por una calle perpendicular a la misma. Las otras, cerradas por pura imaginación de un intendente que prefirió que la gente pueda resultar gravemente herida a que deambule por ciertas arterias residenciales.

 

Los controles fueron escasos o nulos como consecuencia directa de la cantidad de gente presente. Ante esto, la respuesta mediática no buscó más que soltar: fallaron porque eran pocos; si la seguridad privada no contiene, que aparezca más policía. ¿En serio hay que recordarles qué sucede cuando se deja en manos de la bonaerense el control social?

 

El Estado estuvo ausente, no hubo asistencia sanitaria, de seguridad ni de contención. No, no estuvo ausente; el Estado dejó hacer como lo hacen los que están configurados en formato neoliberal. Municipio, provincia y nación gobernados por un mismo color político. No es ausencia, es desidia. Y esto por no seguir abundando en su rol de co-organizador.

 

¿Y el Indio? Más allá de que paró el show, contuvo desde el escenario y enfrió el concierto en todos los sentidos, tiene un grado de responsabilidad al sostener frases como “mi público no acepta el sold out”. No se nos puede escapar la tortuga así, Indio.

Hoy unos cuantos pavos decían que Solari tendría que haberlo suspendido en el momento. ¿Y con los 300 mil asistentes que hacemos? 300 mil. Una cantidad similar a los habitantes que tiene la ciudad de Neuquén.

 

Y acá lo difícil. ¿Pagaste entrada? Pareciera que hay un acuerdo tácito: aunque no tengas entradas, pasas igual. ¿Y vos no te sentís responsable? ¿En serio te quejas del sonido? ¿Hasta dónde llega la cuota de cinismo de algunos? ¿No pasó a convertirse en algo siniestro hoy? ¿Cuándo pasará la moda del políticamente correcto?

 

Entonces, la búsqueda de soluciones. Por supuesto, no las tenemos ni vamos a caer en la ridiculez de pegarle al “artista millonario” (¿te debe plata el Indio, trosko?). Tampoco en pensar que Solari debe dejar de tocar. Esa, claramente, no va a ser una solución, va a ser una consecuencia. Salvando las distancias, y si esa fuese la respuesta ¿cuántos hipócritas lo van a llorar como a Messi? ¿Quién va a ser el primer boludo que organice un banderazo?

 

Durante la época de los Redondos, la banda estaba estigmatizada y, según los medios, a cada ciudad que iban había que reconstruirla. Eran los años noventa, el neoliberalismo mataba diariamente pero los conglomerados mediáticos construían como enemigos a aquellos que salían de la normalidad.

Esos mismos medios son los que, con el correr de los años y con el Indio ya solista, se apropiaron de la idea de misa y la replicaron cada vez que pudieron. Nunca sacaron una nota respecto a todo lo que hoy critican. Sí, parece que los muertos esos no eran mediáticos.

No olvidemos. Hoy, la agencia oficial Télam, se dio el lujo de hablar de siete fallecidos, dos de ellos menores de edad. ¿Todavía no renunció su director?

 

Retorna el neoliberalismo y nuevamente Olavarría. Parece cierta nomás esa frase de que la Historia se repite. La tragedia de los noventa hoy se replica bajo el falso manto del diálogo y la armonía.

El contexto de movilización popular en todos los aspectos asusta al burgués, quien no tiene más remedio que convocar, con sus aparatos replicadores, a esa clase media siempre atenta al desvarío pero más que nada a mantener su cuota de hipocresía e individualismo. ¿Cuánto falta para que Intratables rescate a Enrique Symns del pozo en el que suele estar para que le tire mierda gratuita a Solari?

Paros docentes, movilizaciones obreras, contundentes manifestaciones de mujeres y, como postre, recital del Indio. Demasiado para una semana. Si a las pibas que se llevaron detenidas el 8 de marzo se les suma lo del sábado, el camino parece allanado.

¿Qué pasó con esa máxima ricotera (que incluso resaltó Solari dos días antes) de cuidar al otro? Como nos hemos cansado de repetir desde este portal, ¿otra vez vamos a caer en el sálvese quien pueda que pregonan los buitres? Impidamos que el miedo vuelva a paralizarnos, no dejemos que la farsa nos gane.

Respeto y tiempo para que familiares y amigos de los fallecidos puedan sanar. Sepan que la música no mata. El neoliberalismo si.

 

Por Emilio Cortese

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