Venezuela: Los medios y los fines.

Por Victor Yäñez

La situación en la República Bolivariana de Venezuela no ha dejado ajeno a nadie. En la era de las redes sociales y de la mediatización total, las revueltas opositoras que se han desencadenado casi sin pausa nos muestran imágenes que buscan interpelarnos, intentar mostrar la verdadera realidad de lo que ha acontecido y acontece en este país.
Si existiese la objetividad (esa que tanto dicen reclamar los que se denominan a sí mismos independientes) se debería resumir esta historia en fechas y estadísticas: El 13 de Febrero columnas de manifestantes avanzaron por las calles de Caracas y otras ciudades reclamando, en principio, por más seguridad en las universidades públicas. Durante los días posteriores la adhesión a estas movilizaciones se incrementa; comienzan los hechos de violencia; el gobierno interviene en la situación; los hechos de violencia persisten; el gobierno y los líderes opositores se acusan mutuamente; la violencia no deja lugar a la paz. Palabras más, palabras menos, a grandes rasgos esa sería la visión más objetiva e inexacta posible.
Apenas observamos el panorama un poco más detenidamente nos vamos dando cuenta que estas movilizaciones tienen una primera finalidad: debilitar el gobierno del presidente Nicolás Maduro. Lo que era al principio un reclamo por seguridad se va politizando y convirtiendo en marchas opositoras. Avanzan los días y estas marchas opositoras ya comienzan a mostrarse como movilizaciones de espíritu destituyente. Avanzan las semanas y ya es muy difícil sostener la mentira: los venezolanos que intentar tomar las calles y que quieren acabar con la revolución que iniciase Hugo Chávez han sido instigados por miembros de la derecha, y el principal de ellos ha sido Leopoldo López, recientemente detenido. Una muchedumbre que se autodenomina pueblo quiere terminar con cualquier cosa que sea o parezca chavista es conducida por un grupo de políticos que encontraron en un pedido particular la posibilidad de arremeter contra Maduro, la revolución bolivariana y todas las conquistas sociales. Y para lograr su objetivo no importa si se deja de lado la soberanía nacional: ya varios opositores hacen público su deseo de que Estados Unidos tome “cartas en el asunto”.
Cada vez más el tema Venezuela va tomando verdadera nitidez. Los que ayer la prensa corporativa mostraba como “valientes ciudadanos que se oponen a la tiranía del chavismo” hoy los muestra como víctimas de la represión y ejemplos de organización. No solo los medios han difundido esta visión heroica y victimizante de los violentos: las redes sociales- en las que Twitter encabeza las acciones- han volcado a cierta opinión internacional a observar cómo “bandas organizadas por chavistas” golpeaban, violaban y mataban a los opositores. No importaba si las fotos eran burdas falsificaciones, no importaba cambiar los epígrafes de las fotos que habían sido tomadas en lugares tan lejanos como Siria o Afganistán y mucho menos iba a importar mostrar a un supuesto Nicolás Maduro disparando detrás de un container de basura. Lo importante era mostrar al chavismo como el demonio venezolano que amenaza a la democracia de occidente y a su estilo de vida. Y si no se lo puede mostrar porque de plano los demonios no existen, se truca una foto. Seguro alguien caerá parece ser su razonamiento.

Desde que estas revueltas comenzaron (justo en las vísperas del aniversario número 25 del Caracazo, una manifestación en la que participó realmente el pueblo venezolano pidiendo por una vida digna), han muerto personas que protestaban y personas que defendían la democracia. Han muerto (trece, doce, quince, aun si fuesen sólo dos) por una operación de la derecha venezolana para desestabilizar un gobierno elegido por el pueblo. No es contra Maduro, ni tampoco era contra Chávez en su momento. Es contra todo un proyecto latinoamericano la guerra que han emprendido, y así han entendido esta situación: como un terreno de batalla, el lugar y el momento que han esperado para legitimar sus ambiciones. Y ante esta avanzada desestabilizadora es necesario que la Justicia actúe prontamente. La justicia deberá hacerse sentir no solo con los que detonaron las armas, sino que deberá juzgar a Leopoldo López y a todos los que han conjurado junto a él, como seguramente los juzgará la Historia.

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