Vas bien Fidel

Sorprendido con aquella noticia que uno nunca espera escuchar pero sabe que en algún momento llega, el viernes por la noche, a los 90 años murió Fidel Castro. Con él, murió el último hombre de lo que el historiador inglés Eric Hobsbawm denominó el “corto siglo XX”, significando un golpe muy duro en este 2016 que parece no darnos respiro a los pueblos de nuestra América y, sobre todo, a aquellos que nos sentimos parte de los movimientos populares.

Es que por más que seamos conscientes de que todos somos seres para la muerte, Fidel es uno de esos líderes imprescindibles que ocuparon tal protagonismo en la historia que parecen no morir nunca. Y es que no mueren nunca, y son, fueron y serán producto de su pueblo, para su pueblo.

Nacido en 1926 en el seno de una familia acomodada, estudió abogacía y militó en la universidad, fue detenido luego de la fallida toma del Cuartel Moncada, fue liberado y viajó a México donde conoció a Ernesto “Che” Guevara, y juntos emprendieron la gesta que marcaría la historia de la primera Revolución triunfante en español.

El 1 de enero de 1959 entraba victorioso a La Habana después de derrotar a las tropas de Fulgencio Batista. Así, Cuba dejaba de ser el prostíbulo de Estados Unidos para constituirse en un modelo revolucionario posible, en un mundo donde Estados Unidos y la URSS se disputaban sus áreas de influencia.

El vuelco inevitable de Cuba hacia la URSS le valió automáticamente su enemistad con el país del norte que lo veía como una seria amenaza en su patio trasero. Embargo económico, una fallida invasión en la Bahía de Cochinos y la posterior crisis de los misiles que puso al mundo al borde de una contienda nuclear en el punto más álgido de la Guerra Fría, fueron acontecimientos que marcaron el rumbo de este pequeño país y que se posicionaba de a poco como un ejemplo de lucha.

Si bien la URSS actuaba como su principal sostén económico, su pueblo tenía educación y no pasaba hambre, a la vez que se convertía hasta hoy en un ejemplo de solidaridad internacional. Es que además de azúcar, este país exportaba médicos, salud para aquellas zonas olvidada por globalización.

Terminada en 1991 la experiencia soviética, muchos pensaban que sería también el final del proyecto revolucionario cubano con lo que se llamó el “periodo especial” pero no, Cuba seguía en pie, asfixiada económicamente, pero dignamente en pie.

Hoy, el festejo de los disidentes en Miami o los tweets del futuro presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pareciera ser los primeros impactos de una victoria de ellos, de estos nuevos tiempos, y la derrota de los movimientos populares. Pero recordemos que las crisis son también nuevas posibilidades donde debemos pararnos, mirar y seguir adelante.

Sin embargo, en ese transcurso se van los imprescindibles y este viernes a las 22:29 murió uno de ellos, quizá el más importante. Aquel que derrotó al imperialismo.

Vas bien Fidel, hasta la victoria siempre.

 

Por Valentín Steimbreger

 

 

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