Un Mundial maduro

Por Emilio Cortese- Profesor de la UNCO

Bueno se terminó el Mundial y su final nos invita a reflexionar. Vamos a aclarar algo de entrada, cualquier análisis que se haga en este momento no puede escapar de la calentura que nos cubre por la derrota; sin embargo, podemos elaborar algunas conclusiones sobre lo que nos dejaron estos 64 partidos y, principalmente, nuestra selección.

Lo que se vio

En lo general, el nivel mostrado durante los encuentros fue satisfactorio, más aun si lo comparamos con, por lo menos, los últimos tres mundiales. El torneo ha dejado una sensación de que puede dividirse en dos grandes etapas, la de grupos y la de eliminación directa (el verdadero mundial como dicen muchos). Y esto se observa en que el nivel de los partidos a partir de octavos de final decayó bastante. La media de gol se redujo notablemente y los jugadores se mostraron muy cansados, lo cual pudo deberse no solo a los casi cincuenta partidos de la temporada y las altas temperaturas, sino también a los nervios que redundaron en partidos muy cerrados, sobre todo a partir de cuartos de final (a excepción obvia de la paliza que le propinó Alemania a Brasil).

Los estadios estuvieron siempre en más de un 80% de su capacidad cubierta aunque fue fácilmente observable que no estuvimos frente a un mundial inclusivo desde la posibilidad de que sean los sectores populares los que ingresaban a ver los partidos. Habrá que ver el uso que se les dará a partir de ahora a estos elefantes blancos creados por la corrupción y la soberbia, los cuales han sido objeto de múltiples polémicas y que han costado numerosas vidas durante las etapas de construcción.

¿Y la selección?

¡Uf qué decir! Como me señalaba un amigo hace un rato, estamos ante “la selección que le ganó al exitismo”. Y voy a dejar afuera de esta discusión a las críticas individuales, los fallos arbitrales (que han dejado bastante que desear y demasiado pegar) y aquellas palabrotas que uno acostumbra a decir para echar culpas fácilmente.

Lo primero a destacar es que Sabella logró conformar un equipo, donde el valor de lo colectivo primó por encima de lo individual. Muchas veces perjudicado por el estilo en extremo amarrete del rival, el técnico propuso un viraje más que interesante, el cual dio sus frutos con el correr de los minutos. De esta manera asistimos a partidos en los que la selección no sufrió porque estaba muy sólida en los metros entre el mediocampo y la línea de la defensa (por momentos demasiado corta esa distancia), definiendo las contiendas con herramientas que iban más allá de la lógica tribunera de la salvación gracias a la aparición individual. Para ser más claros, si Messi se despertaba un día mal, tenía alrededor diez tipos que sabían lo que había que hacer. Y eso es mérito del técnico.

Así como Sabella cambió, también se amplió la mirada de uno ya que, como dice Bianchi, solo los necios no cambian. El fútbol requiere de multiplicidad de criterios, sobre todo el actual. Así como el Barcelona no es el único equipo que nos enseña a ganar, tampoco lo es Alemania en el formato selecciones. Si bien es cierto que uno tiene sus estilos predilectos, eso no invalida otra opción válida.

Acostumbrados e influenciados por el panquequismo de ocasión que nos traslada del triunfalismo a la destrucción sin escalas (o viceversa), muchos dudamos. Sin embargo, el correr de los partidos permitió ir aclarando los tantos y corroborar que Argentina jugó por momentos muy bien, por otros no tanto, y que hizo un gran mundial, asentando una base que puede perdurar.

El mayor beneficio, creo, está en haber roto con la absurda fórmula de Bilardismo vs. Menottismo ya que tanto el técnico como el equipo, no se aferraron a una única forma de jugar, de ganar y de gustar. Queda, por tanto, el desafío de no quedar pegados a esta nueva fórmula, y saber que hay un trecho por delante que va más allá del exitismo y de la dicotomía héroes-fracasados.

Planificando Rusia

Para el que es futbolero, comienza otra cuenta regresiva hasta el 2018. Peinaremos más canas, tendremos otras responsabilidades e iremos descubriendo nuevas joyas que nos quitarán el aliento, sabiendo que esta vez se estuvo cerca y que no se pasó el papelón de Italia 90, pero con la certeza de que no hay un estilo único o una fórmula para ganar mundiales porque, por suerte, esto es Fútbol.

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