Un Brasil de Temer

Esta semana, vimos como la crisis política que sacude al país vecino, se torna cada vez más compleja de lo que se pensó en un primer momento. Toda una clase política salpicada por escándalos de corrupción estructural deja a un paso del juicio político al golpista Michel Temer, es decir, la cara más visible de este sistema.

Con menos de un año en el poder, el líder el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño) y ex aliado político de Dilma Rousseff, se encuentra en su peor momento. Con apenas el 10% de aprobación, una significativa perdida de aliados, esta semana quedó otra vez en la mira de la justicia por comprar el silencio del ex-presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha (mentor del Golpe Institucional y que está preso por 15 años por corrupción y blanqueo) para que éste no revelara detalles de la corrupción en Petrobras y cuya prueba es un video aportado por los empresarios Joesley Batista y Wesley Batista dueños del frigorífico JBS como parte de las negociaciones por las acusaciones en su contra y difundido por el poderoso grupo mediático O Globo.

Esta situación en donde pareciera que tenemos un poder judicial y mediático jugando su propio juego, lleva a pensar que esto (que quieren hacer pasar como una especie de mani pulite a lo brasileña) es solo un intento de lavada de cara del fraude y la búsqueda de la renovación de una clase política que obedezca a los intereses de los sectores concentrados dado que Temer ni siquiera pudo lograr que se aprueben el grueso del paquete regresivo que él pretendía imponer (como por ejemplo precarizar el sistema jubilatorio y el régimen laboral).

Pero no es solo eso. La creciente popularidad de Lula Da Silva, y la búsqueda de un candidato capaz de limpiar lo antes posible la imagen de los golpistas pero que siga siendo fiel al proyecto de los de arriba, es también un motor que une el accionar y acelera los tiempos del Poder Judicial. Y es que a los grupos concentrados, ya ni un Aecio Neves les sirve para competir en el juego democrático dado que el líder del PSDB (Partido Social-Demócrata Brasileño) también quedó salpicado en casos de corrupción y es por eso que se han puesto en marcha en la búsqueda de un candidato (o la construcción de un candidato) que pueda aglutinar parte del descontento volcado en las calles y que logré así posicionarse como alternativa al PT (Partido de los Trabajadores) de Dilma y Lula en las elecciones presidenciales del año próximo.

Así, la vuelta a la legalidad en el Brasil, se convierte en objetivo indispensable para ambos bandos, tanto para los que quieren sostener un proyecto excluyente como los que proponen su contrario, un modelo social incluyente, donde la legitimidad se pone en el centro de la escena pero también se desnudan los actores del poder real.

Una inminente salida de Temer del gobierno y la convocatoria a elecciones directas (tal cual lo expresó Lula), parece ser la única salida posible a la crisis política del país.

Por Valentín Steimbreger

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