Triunfo del chavismo en las elecciones regionales

El domingo pasado se realizaron comicios en donde se eligieron a los gobernadores de los 23 Estados que conforman la República Bolivariana de Venezuela. El resultado: el chavismo ganó en 18 de estos 23.

Sin dudas, estos números han sido una muestra (necesaria) de vitalidad de la Revolución Bolivariana y un golpe a una oposición que se debate ahora entre, seguir con la misma política reaccionaria contra el chavismo, repartiendo denuncias de fraude incomprobables, o reconocer la derrota y a partir de allí al menos, cambiar su estrategia que hasta al momento, no ha podido socavar la base del núcleo de votantes chavistas.

Algo que ha caracterizado al socialismo del siglo XXI tal cual lo llamaba el propio Chávez a su proyecto, es su carácter democrático. Vale recordar que desde las elecciones de 1998 donde Hugo Chávez fue electro presidente, su fuerza atravesó entre presidenciales, parlamentarias, regionales, municipales, referéndum y otros comicios, 30 elecciones. Si sumamos que en el país el voto no es obligatorio y que el porcentaje de participación en esta última llegó al 61%, estamos hablando de una cifra para nada despreciable, y que significó un 7% más de participación que las elecciones regionales del 2012.

A pesar de la guerra económica llevada adelante por sectores económicos aliados a la oposición, la creación de un clima de permanente violencia impulsados por estos mismos sectores en conjunto con las presiones internacionales encabezadas por Estados Unidos quien según su propio presidente dijo no descartar la opción militar como una salida de “crisis” que vive el país caribeño, acusando al gobierno como el único y máximo responsable. Es a pesar de estas presiones, que el chavismo demostró estar vivo en medio también de un proceso constituyente que, si bien ha tenido sus fuertes cuestionamientos opositores, sigue adelante como el elemento fundamental para cambiando y ampliando las formas de participación y representación del Estado.

Las autoridades electas en los 5 estados donde ganó la oposición no irían a jurar su cargo a la Asamblea Constituyente tal cual quedó establecido por la misma, dado que no la reconocen (a pesar de ser votada por 8 millones de personas) y desde la Mesa de Unidad Democrática que nuclea a los partidos opositores, llaman a sus gobernadores solo a subordinarse a la Constitución y al pueblo. Todo un oxímoron.

Esta estrategia opositora ha sido contestada con dureza por Nicolás Maduro que advirtió que en los Estados que no juramenten frente a la Constituyente, se repetirán las elecciones pero que además “quedaron inhabilitados los candidatos que, aunque ganaron no quisieron respetar la ley y la Constitución” refiriéndose específicamente a las autoridades electas en los Estados de Anzoátegui, Nueva Esparta, Táchira, Mérida y Zulia.

Como podemos ver y lo venimos reiterando en repetidas notas, lo que vive hoy Venezuela no es una dictadura, ni mucho menos. Hay si, un conflicto de poderes que deberá resolverse bajo un acuerdo entre las partes, pero claro, la posición de una de esas partes es intransigente y solo busca (bajo todos los medios disponibles, con todo lo que ello implica) la salida de Maduro del poder. No, el dialogo.

Dicho esto, debemos estar atentos a la complejidad de la realidad venezolana, los factores de poder que entran en juego y, ante todo, no quedarnos con simplificaciones mediáticas.

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