A tristeza nao tem fim

La embestida de los poderosos (a través del Poder Judicial) contra el líder de las mayorías y potencial candidato a ganar las próximas elecciones en el Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva, solo busca su proscripción y así prolongar (más allá de los comicios de octubre) la restauración liberal neoconservadora que avanza a paso firme en todo el Continente.

Después de horas de deliberaciones bajo presiones de todo tipo, por 6 votos contra 5, el Supremo Tribunal Federal rechazó el habeas corpus presentado por la defensa del ex presidente Lula Da Silva en una de las siete procesos judiciales que se le han abierto, relacionados a supuestos casos de corrupción. En este caso particular, la condena dictada de 12 años y 1 mes de prisión por el Juez Sergio Moro se relaciona al supuesto hecho de que Lula recibió un triplex de lujo por parte de la constructora OAS como contrapartida de recursos desviados de Petrobras. Estamos hablando de un departamento de 200 metros cuadrados que nunca fue de Lula, que acaba de ir a subasta, con lo recaudado para la empresa que es la real propietaria del inmueble. El juego judicial estaba armado: en plena deliberación que terminó rechazando el habeas corpus, una jueza cambió su voto (¿a caso por presión de los militares que amenazaban con un Golpe de Estado en caso de que no se canalice el camino a prisión del ex presidente?). Ante el silencio cómplice del presidente de facto, Michel Temer, el juez Sergio Moro ya ordeno su detención.

Así, garabatos judiciales mediante, la proscripción del líder de las mayorías (con un 40% de intención de voto para las próximas elecciones) en Brasil, es un golpe alarmante contra la democracia (entendida esta, inclusive, en el más liberal de sus sentidos). Quizá, en el último tiempo nos habíamos olvidado lo que era que gobierne “la derecha” (esa que no duda, actúa) que son la restauración liberal-neoconservadora del sistema global, son los mismos de siempre que defienden sus intereses, que juegan a primero yo, después a también yo y las migas para mí y cierran el juego. No quieren repartir ni un peso en pos del dios dinero a costa de la miseria de la gran mayoría, de los nadies. Si, los nadies que canalizaban sus demandas a través de la figura de Lula. Está bien, es cierto, así se juega en las variantes más dañinas del capitalismo y es por eso que no nos podemos quedar de brazos cruzados a ver qué onda. Tenemos que ser conscientes que esto no es joda, que se nos viene la noche y que solo la unidad del campo popular bajo un proyecto superador nos rescatará de la corpocracia. Son estas coyunturas que nos enseñan que la política no se trata de tener razón, ni de purismos. Se trata de construir una fuerza tal que se convierta en alternativa real de poder para cambiar todo aquello que debe ser cambiado. Si, se trata de tener éxito. El resto, es poesía.

Quedará por ver ahora, las reacciones populares como consecuencia de la decisión del Supremo Tribunal y sobre todo, que decidirá el Partido de los Trabajadores (PT) sobre su (aún) candidato a la presidencia en vistas de su proscripción y encarcelamiento.

Es que si, poner un plato de comida en la mesa de un pobre genera odio. Odio de clase.

Por Valentin Steimbreger

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