Sobre los dichos de Cordera y los machitos del Rock

Indignación. Impotencia. Bronca. Repugnancia. No sé si en ese orden pero al menos por alguno de estos cuatro estados pasamos muchas y muchos, horas después de que se dieran a conocer los dichos del “Pelado” Cordera, ex cantante de Bersuit Vergarabat.

El machito Cordera sentenció de manera burda algo que el machismo tiene muy arraigado: las mujeres no saben lo que quieren y por eso, los machos pueden determinar qué es lo que sí ‘necesitamos’ para ‘liberarnos’. Cordera dijo textual: “Hay mujeres que necesitan, porque son histéricas, ser violadas, porque psicológicamente lo necesitan y porque tienen culpa y no quieren tener sexo libremente. Quieren jugar a eso”.

En sus palabras retrógradas, dijo lo que piensa, lo que razona un ‘macho alfa’ en esta sociedad. En sus palabras se justifica todo tipo de abuso frente a mujeres que ‘son histéricas’ y que, según ellos, no saben lo que quieren.

Peor aún, en sus palabras Cordera sostiene que las mujeres “juegan a eso” y con ello, entonces “psicológicamente” justifican el abuso. No tiene idea este machito de la violencia por la que atravesamos las mujeres cuando nos vemos vulneradas en nuestros cuerpos, nuestros sentimientos, nuestros dolores, nuestra mente que no sale de esas escenas. No tiene idea tampoco de lo difícil que resulta entregar una parte de una, porque en ese juego, al que livianamente llama “histeria”, se esconden miedos, prejuicios, desvalorizaciones, autoestimas.

Con esa misma facilidad condenó las leyes de la sociedad e impuso la ‘ley natural’ en la que existe el deseo y entonces se relativiza el poder que ejercen los liderazgos patriarcales. Dijo textual: “Es una aberración de la ley que si una pendeja de 16 años con la concha caliente quiera coger con vos, vos no te las puedas coger”. Nadie es capaz de sacar de contexto estas palabras porque en sí mismas dan cuenta del marco teórico que impera. Para él, como para muchos hombres y mujeres en esta sociedad, todo está permitido.

Y no con esto voy a desconocer los deseos de jóvenes de 16 años o menos, sino que lo que se intenta es mostrar que es una aberración seguir imponiendo como natural algo que esconde una correlación de fuerzas donde las y los jóvenes son más vulnerables. Entonces, si en este sentido “natural” del deseo, todo está permitido, entonces “todo” es también abusar, cosificar, y matar. Porque “naturalmente” estamos así formados.

Plantear la naturaleza del ser de esta forma es no discutir el abuso que impone el machismo sobre nuestros cuerpos. En cambio, discutirlo, indignarse, escupir lo que sale de adentro frente a estos dichos aberrantes, da cuenta de que tal naturalidad ya no es gratuita.

Gracias al movimiento de mujeres que luchan por la destrucción del patriarcado, ya no es gratuito decir y atropellar a la mujer. Gracias a que este movimiento visibilizó esta problemática social, es que nuestra sociedad condena a quienes osan seguir degradado nuestra condición humana. En fin, cualquier acto de repudio sirve para hacer sentir incómodos, para que no nos dé lo mismo.

Cabe advertir sin embargo, que el rock nada tiene ver con estos estereotipos. Que el rock es revolucionario en esencia, que el rock atraviesa los géneros, sus letras sirven para repudiar lo instituido y aflorar verdades del bajo mundo. Sino, no es rock.

Lo que tenemos que tener claro, es que no es lo mismo cuando estas palabras las dice un vecino al pasar que cuando los dice algún comunicador social, alguien con alcance popular, o “famoso” porque tenemos responsabilidades diferentes. Ambos casos son repudiables. Para decir #NiUnaMenos hay que dejar de escuchar a Cordera, entre otros.

 

Por Gimena González-Eastoe

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