Sobre el aborto

El aborto: un asunto de salud pública

En Argentina las mujeres que abortan por año son alrededor de medio millón. Son mujeres que no pueden o no quieren tener hijos, no quieren o no pueden ser madres. Esas casi 500 mil mujeres al año acuden a prácticas abortivas clandestinas, y muchas de ellas se mueren.

Según el informe de Amnistía Internacional, el aborto es la principal causa de mortalidad materna en 17 de las 24 provincias de nuestro país. Por eso el aborto no es un tema de creyentes, ni de moral, es un asunto de salud pública.

Y por ser un asunto de salud pública, el Estado debe reconocer de manera urgente que los abortos existen y que las mujeres, mueren.

El 28 de septiembre se llevó a cabo a nivel mundial una campaña por el aborto legal, seguro y gratuito. Incluso en aquellos países en los que el aborto es legal, las mujeres se han manifestado porque el avance del conservadurismo ha implicado una serie de obstáculos para quienes quieren hacer uso del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. Bajo la consigna GRITO GLOBAL por el Aborto Legal numerosas manifestaciones exigieron a los legisladores de nuestro país que asuman la responsabilidad de tratar este tema en el recinto.

Las ricas abortan, las pobres mueren.

En la Argentina 8 niñas y/o adolescentes (menores de 15 años) por día tienen hijos. La mayoría de esos embarazos no fueron planificados y no siempre son deseados. Pesa el mandato social, el desconocimiento, la falta de anticoncepción. Falla el Estado que no comunica, no cuida, no acompaña a las mujeres, no genera políticas públicas efectivas, con presupuesto e infraestructura. Fallan los gobiernos que no aplican la Ley de Educación Sexual Integral, que menosprecian la educación, que no generan perspectivas de futuro para la juventud. Pero también fallamos como sociedad cuando no nos hacemos cargo de que esta realidad existe y juzgamos (y condenamos) a las mujeres que deciden abortar.

Como en muchos otros temas, la prohibición genera clandestinidad. El aborto clandestino engrosa los bolsillos de algunas clínicas y de médicos que con total impunidad practican abortos y cobran fortunas. Actualmente un aborto clandestino pero “seguro” cuesta entre $10.000 y $17.000 sumas que sólo algunas pueden pagar. Las demás acuden a los métodos más populares, más riesgosos y no siempre efectivos como te de orégano, agujas de tejer, entre otras.

Sólo a modo ilustrativo: el 80% de las mujeres ganan menos de $10.400 por mes y las más pobres no llegan a los $1600. Las y los pro-vida necesitan entender que si el aborto fuera legal y se practicara en los

hospitales públicos, las mujeres dejarían de morir por la ausencia del Estado.

La experiencia socorrista

Las mujeres hemos abortado siempre, en mejores o peores condiciones, a pesar de los mandatos familiares y sociales, somos muchas las que decidimos alguna vez (o varias veces) abortar. Pero esta experiencia, que para algunas es traumática y para otras, aliviadora ha cambiado profundamente desde que las Socorristas en Red nos abrazaron. Ellas recuperaron las experiencias de las consejerías de mujeres que durante los años 60 y 70 se llevaban a cabo en países como Italia, Francia o Estados Unidos.

El aborto medicamentoso a través del consumo de Misoprostol ha permitido a muchas mujeres abortar de manera segura. Porque la experiencia socorrista pone de manifiesto que la decisión de abortar conlleva muchas etapas y que requiere de un fuerte acompañamiento, antes, durante y después de abortar.

Este trabajo sororo que las socorristas llevan adelante da cuenta del profundo entramado que requiere garantizar el aborto seguro porque además del acceso a las pastillas, de contener emocionalmente a quienes deciden llamarlas, existe un trabajo de relevamiento de información, una asistencia permanente que sólo es posible cuando se está plenamente convencida de que los derechos se conquistan. Ellas brindan información de calidad, hacen pedagogía del aborto, enseñan a cuidar nuestros cuerpos y han construido una red de profesionales de la salud comprometidos con la vida de las mujeres.

Las mujeres tenemos derechos y abortar tiene que ser uno de ellos.

Por Gimena Gonzalez-Eastoe

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *