Soberanía en bandeja

La semana número 16 del Gobierno de Marci comenzó el 24 de Marzo, fecha de fuerte carga simbólica para los argentinos, que casualmente coincidió con los 100 días de su gobierno y, tal vez de forma no tan casual, con la visita del presidente estadounidense Barak Obama. El día en que millones de personas  salen a las calles para recordar y pedir justicia por los hechos más nefastos de la historia Argentina, su presidente se reúne con el mandatario de uno de los países que fue artificie de un plan sistemático para doblegar los intereses de Latinoamérica a las llamadas potencias mundiales durante los años 70 y, no estarían quedando muchas dudas, de que aún sigue en marcha.

Mientras los mayores medios de Argentina se concentraban en la vestimenta de las primeras damas, en los abrazos fraternos entre los presidentes y algunas cursilerías más, mediante la página web de la Casa Blanca se pudo saber que el acuerdo con el país nórdico tenía algunas aristas no tan amigables. En primer lugar, muchas de ellas destinadas a la provisión de armamento, a la capacitación del personal de inteligencia del país en escuelas de EEUU y la contribución a misiones de paz en África, enviadas por los yanquis, artificies de los conflictos. Acuerdos de índole bélico con el país que mayor cantidad de guerras ha generado en el mundo. Ustedes tiren bombas, que acá los bancamos. Con alegría, claro.

No queda del todo claro cuáles fueron los acuerdos económicos pero sí se afirma que van en torno a “facilitar el comercio entre ambos países”. Las condiciones, no aparecen ni en la letra chica. Por el momento, las inversiones que se supone realizará EEUU en el país no llegan ni a tocar un cuarto de deuda externa contraída en los primeros cien días de gobierno.

Más allá de estos brollos, que muchos consideran nimiedades, la Argentina ha vuelto a acercarse a la principal potencia mundial y se aleja de los países de América Latina. Ya no formamos parte de la sociedad del canal Telesur, reconocido mundialmente por su rol en un discurso que da pelea al de los medios hegemónicos. Pero para los señores de amarillo, esto es perder tiempo y dinero, entonces le concedemos a EEUU la posibilidad de incidir sobre el control de las telecomunicacioes en Argentina, porque nos enviarán asesores en esta materia. Los 90, un poroto.

 lago escondido macri lewis

Todos juntos en familia (y en capilla)

Parece que el paso de Obama por la Argentina dejó a varios muñecos cansados. Uno de ellos decidió recuperar energías en una paradisíaca estancia en el lago Escondido, en la provincia de Río Negro. Aprovechando los cuatro días feriados de semana santa, este personajillo disfrutó de uno de los tantos bellos lugares que tiene nuestro país. Hasta acá todo bárbaro. El temita es que este hombre, uno entre cuarenta millones, no es ni más ni menos que el presidente Macri. Y que esa hermosa estancia es propiedad de Joseph Joe Lewis, magnate británico dueño de empresas y accionario de Edenor a través de Pampa Holding.

Macri decidió tomarse cuatro días de vacaciones en esta estancia y se dio el lujo de viajar en el helicóptero de Lewis. Estas acciones van en contra del artículo 18 de la Ley de Ética Pública, el cual establece que los funcionarios de gobierno “no podrán recibir regalos, obsequios o donaciones, sean de cosas, servicios o bienes, con motivo o en ocasión del desempeño de sus funciones”.

El amigo Lewis es un pillo bárbaro. Durante la década del 90 (del noventa de posta, no la de ahora), compró, a valores fiscales, miles de hectáreas en nuestra Patagonia. Entre ellas, adquirió 12 mil correspondientes a la zona del Lago Escondido en la provincia de Río Negro. Desde que adquirió estas tierras, en el año 1996, clausuró el acceso a la costa del lago, acción que viola nuestras leyes. Incluso, pasa por alto un fallo judicial que lo obliga a conceder un camino directo y público a la costa.

¿Y a que no saben quién debe investigar este desacato de Mauricio tras la denuncia de diversos legisladores nacionales? Pues la Oficina Anticorrupción manejada por Laurita Alonso. La militante Pro number one, financiada durante años por los fondos buitres, debe hacerse cargo de investigar a su CEO, Mauricio, quien la puso en ese lugar pese a no cumplir con un requisito fundamental, ser abogada. Caretas.

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