Semana 8: El ajuste para todos y todas

Mientras los análisis de ATE aseguran que para no ser pobre una familia tipo debe ganar más de $15677, el Banco Central se enorgullece de su nueva adquisición: un crédito por U$S 5000 millones. El préstamo vino de la mano de un conglomerado de bancos como el HSBC, JP Morgan, Citibank, entre otros, con un interés del 6,76% a devolver en 11 meses. Sí, en 11 meses nuestro país deberá pedir más deuda para poder pagar esta que acaba de adquirir. Pingüe negocio para estos bancos internacionales, muchos de los cuales están siendo investigados por lavado de dinero.

En otro paso más hacia el recrudecimiento carnal, el secretario de Finanzas, Caputo, se encontró en Nueva York con el mediador Pollack en la causa por los fondos buitre. Si bien no hubo aun propuesta concreta, se sabe que el régimen macrista intenta negociar el pago de U$S 9882 millones. Previamente debe lograr la derogación de la llamada Ley Cerrojo en el Congreso; según la opinión de referentes de todo el arco político, hasta el momento cuenta con el apoyo para realizarlo. Como bien dice el Indio Solari, y mientras las ventas minoristas caen por primera vez en trece meses, “la ruta está repleta (pesadilla) de caricaturas”.

Se acabó la joda. En declaraciones a los medios, distintos funcionarios de gobierno, e incluso el mismo presidente, manifestaron que los acuerdos paritarios deberán rondar entre el 20 y 25%. Rápidamente los diferentes líderes sindicales salieron a responder duramente este intento de techo a los aumentos salariales, e incluso manifestaron que los mismos deben estar, como mínimo, en el orden del 30%. Tras cincuenta días de gobierno, con una devaluación del 40% y una inflación acumulada de casi 10%, vamos a aclararle un poco las cosas a estos Pibes Pro. Al que quiera techo, la contrapropuesta será no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista.

Aquí sólo hay niños bailando

Una murga, cerca 80 personas en su mayoría niños, ensayaban en una calle de la Villa 1 11 14 en Capital Federal cuando efectivos de Gendarmería reprimieron a mansalva. Dejaron 11 heridos, dos hospitalizados, uno de ellos con un balazo de goma en la cabeza, tiene 8 años. Si, 8 años.
Quienes realizaron las denuncias afirman que los Gendarmes querían pasar por esa calle y, al encontrarse con la murga, antes de darles tiempo a moverse, comenzaron a disparar al grito de “negros de mierda”.
De esta forma, el macrismo parece comenzar su lucha contra el delito organizado, gran promesa de la campaña. Sin dejar de lado a Estados Unidos, quienes prometieron poner recursos a disposición para luchar contra el narcotráfico. Así es, el país con mayor consumo de drogas a nivel mundial nos va a tender una mano para combatirlas.
Mientras tanto, Macri conforma una “mesa política” con sus hombres de confianza para discutir cuáles son las mejores formas de implementar y comunicar las desiciones más conflictivas y morigerar el efecto de los posibles “errores”. Parece que la impulsividad sobre ciertas medidas ha pegado mal en las encuestas. El objetivo es no perder aliados ni una imagen positiva, dicen. Buscar la mejor manera de comunicar un 500 por ciento de aumento en la luz no es moco de pavo.
Ahora bien, por más esfuerzo y adornos en los anuncios, hay ciertas cuestiones que parecen no estar en agenda. Sobre la represión en la Villa 11 14 nadie dijo nada, sólo se sabe por algunos medios que se ha abierto una investigación hacia el interior del Ministerio de Seguridad en la que, sorpresivamente, nadie denunció. Sin embargo, las denuncias en la Justicia ascienden a decenas.
Carlos Ariel Zulka, con 8 años, recibió dos balazos de goma de parte de efectivos de Gendarmería Nacional, en un suceso de hechos que parecen aclarar que hay vía libre para la represión. Con la inocencia de un niño, luego de salir del hospital se acercó a un gendarme y le preguntó por qué a él, a lo que respondieron “Tomatela, pendejo de mierda, que la próxima te volamos la cabeza”.
Ni la intervención estadounidense para luchar contra el narcotráfico, ni la mesa de “lavar noticias” le sirven a Carlos y a sus casi cien compañeros de murga para explicar qué pasó. Por qué él y muchos chicos ya no se animan a bailar, por qué da miedo salir de casa o ver un policía. Por qué los negros de mierda ya no merecen ni la calle.

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