Se consolida el giro a la derecha en el continente: Piñera nuevamente presidente de Chile

El pasado domingo se realizó la segunda vuelta presidencial en el país trasandino en donde el ex presidente y empresario Sebastián Piñera, candidato de la coalición de centroderecha Chile Vamos, se impuso con el 54,57% de los votos válidos frente al sociólogo, periodista y actual senador por la región de Antofagasta, Alejandro Guiller de la coalición de centroizquierda La Fuerza de la Mayoría que obtuvo 45,43%. Con este resultado, y una vez que asuma formalmente el mandato por 4 años el 11 de marzo, se acentuará el giro a la derecha en el continente después de los recientes ciclos progresistas.

Desde su bunker de campaña en el hotel San Francisco de Santiago, Guiller aseguró, una vez reconocida la derrota, que “Chile ya cambió, los vencedores han recogido varias de nuestras banderas”. En teoría estos tópicos son sobre todo los referidos a educación, salud, reforma a las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones) y reformas sociales y tributarias. De este modo, se aseguró el tan mentado rol (en los manuales de republicanismo liberal) de “oposición constructiva”.

Ahora bien, el triunfo de Piñera por unos 635.671 votos de diferencia se puede explicar en la capacidad de captar demandas de sectores de ultraderecha, pero también a cierto electorado de centroizquierda con la promesa de avanzar en la gratuidad de la educación técnica profesional. Así, se logró disipar el temor de que la totalidad (o la mayoría) de votos de la novedad política, el Frente Amplio, que resultó como la tercera fuerza más votada en la primera vuelta con 1.336.824 votos y que ante el ballotage en un principio optó por darle libertad de elección a sus votantes pero que en los últimos días (al menos los dirigentes) llamaron a apoyar a Guiller, se vuelquen finalmente por La Fuerza de la Mayoría. Claro que después de los resultados que quedaron a la vista, desde ese mismo el Frente Amplio no tardaron en llegar las críticas hacia el candidato antofagastino.

Cómo buen triunfador y a lo que hace a los buenos modales dentro de la política chilena, Piñera llamó a la unión de los chilenos con miras hacia un futuro mejor para todos los sectores: “desde la intimidad de mi historia y mi vida, le tengo cariño y estima a Guillier y su esposa y estoy seguro que seguiremos trabajando en el futuro. Hay legítimas diferencias y también cosas que nos unen como el amor por Chile y entregar lo mejor de nosotros para que todos los chilenos, los más vulnerables y la clase media, tengan una vida más plena y más feliz, si hay acuerdos más que enfrentamientos, los países crecen”.

Lo cierto, y a pesar de todo lo analizado hasta aquí es que, en uno de los países más desiguales de la región, la unidad de las derechas a triunfado frente a la decepción popular y dispersión en las izquierdas lo que hará que nuevamente, Michelle Bachelet le entregue por segunda vez la presidencia a Sebastián Piñera.

A pesar del regreso democrático después de años de dictadura pinochetista e incluso durante los gobiernos de la Concertación, Chile, no ha logrado socavar la herencia más visible de esta última: la colonización neoliberal en las subjetividades de los chilenos. Una sociedad excluyente que aún cree en las lógicas de mercado como las únicas posibles dentro de un modelo de desarrollo sostenido (hasta hora) por los recursos mineros y una economía extractivista, con todo lo que ello conlleva en un futuro no tan lejano.

Por Valentín Steimbreger

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