RITA SEGATO en Neuquén

Segato estuvo en el auditorio del Museo Nacional de Bellas Artes el pasado miércoles y expuso frente a una multitud que desbordó la sala y el hall central del Museo. Rita es antropóloga y feminista argentina residente en Brasilia. Es conocida por sus investigaciones que se han orientado a las cuestiones de género en los pueblos indígenas y comunidades latinoamericanas, a la violencia de género y a las relaciones entre género, racismo y colonialidad. Para las corrientes feministas actuales Rita es un ícono que nos ayuda a pensar las estructuras del patriarcado. Ella considera que las relaciones de género son un campo de poder y que la violación debe considerarse un crimen del poder y de la dominación.

 

El pasado miércoles el MNBA se convirtió en el punto de encuentro de al menos 500 mujeres (y también de algunos varones) que se acercaron para presenciar la disertación de Rita Segato. El auditorio se llenó rápidamente pero más de la mitad de las mujeres aún estaban afuera por lo que se dispuso un parlante para que todas pudieran escuchar.

Previo al inicio de la charla se llevó adelante una intervención por Milagro Sala. Mujeres nucleadas en Empoderadas y desde el Comité por la Liberación de Milagro Sala, realizaron una volanteada en las puertas del Museo. Luego, cuando las compañeras ingresaron, la gente de seguridad del museo les prohibió continuar con la protesta, ingresar con banderas y pancartas, o usar el megáfono.

Rita supo leer al público presente y la demanda concreta que las compañeras movilizadas hicieron y al comenzar su exposición explicó su defensa a Milagro Sala. Habló de la política feminista, esa que no es burocrática y que busca dar continuidad a la vida, que genera respuestas rápidas a los asuntos más urgentes de la gente. Milagro Sala hacía ésta forma de política. Y rescató el hecho de que haya llevado adelante un desarrollo político y social tan profundo en Jujuy que no puede compararse con ningún gobierno en la historia de nuestro país. Se trata de reconocer la decisión política que mueve a Milagro a hacer por los sectores populares lo que el Estado debería garantizar como derechos.

La charla giró en torno a conceptos desarrollados por Rita a lo largo de su carrera pero profundizados particularmente en el libro Estructuras elementales de la violencia. “La raza y el género tienen iguales estructuras, ambas son construcciones que nacen de una subordinación” dijo Segato para explicar que las diferencias entre las personas son construcciones sociales que pone a unos por encima de otros. Esos “otros”, esa otredad queda relegada y subordinada, y con el paso del tiempo se naturalizan estas diferencias que provocan profundas desigualdades y nos violentan.

Los cuerpos de las mujeres (y de la otredad) son territorios de conquista sobre los que la masculinidad machista debe demostrar constantemente su status. “La masculinidad tiene un status que se adquiere y se tiene que demostrar” afirmó Segato al tiempo que plantea que para los hombres resulta más difícil reconocer y soportar la cosificación de sus cuerpos. El cuerpo de las mujeres es el soporte privilegiado para escribir y emitir este mensaje violento y aleccionador que se constituye a partir de una pedagogía de la crueldad. Es en este escenario donde podemos comprender que las violaciones por ejemplo, no son crímenes sexuales, ni ponen de manifiesto un deseo sexual incontrolable, sino que se tratan de un mensaje de poder que los hombres se transmiten entre sí y de una forma aleccionadora, hacia las mujeres.

Rita sostiene que en el pasado el espacio de lo doméstico no estaba escindido de lo público: los quehaceres del hogar, la crianza de los/as hijos/as entre otras cosas, se compartían en el seno de la comunidad. Con la privatización del espacio doméstico se privatizó la violencia. Es por ello que resulta urgente politizar lo doméstico, ya que allí se cultivan con mayor fuerza los estereotipos de género que son la base se la violencia hacia nosotras.

Por otra parte Segato agrega que las mujeres hemos comprendido lo que nos hace sufrir y hemos logrado politizarlo, por eso es que podemos, con mayores fortalezas, enfrentarnos al patriarcado como estructura necesaria para la profundización de las desigualdades, por esa razón también arriesga en afirmar que las mujeres somos más felices que los hombres. Según Segato, reconocer el sufrimiento implica necesariamente querer transformar la realidad. Tal vez se trate ni más ni menos que de interpelar al público presente y a las que nos leen, para pensar en una estrategia política colectiva que nos libere definitivamente de los flagelos de la violencia machista.

Por Ailín Gamoneda y Gimena González Eastoe

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