Renuncia Malcorra, asume Faurie

Este martes nos enteramos de la renuncia por “motivos personales”, de la canciller Susana Malcorra aunque, según la información trascendida, hacía ya dos meses que venía anunciando su retirada. A partir de ahora, seguirá como asesora y se irá a vivir a Madrid.

Elegida por Macri, se la recordará por las distintas situaciones conflictivas, como las negociaciones por las Islas Malvinas que no fueron (pero si la firma de un memorandum muy cuestionado), su apoyo a Hilary Clinton en la elecciones de los Estados Unidos, la intención de comprar armamento a dicho país, pero sobre todo la utilización que hizo del cargo de canciller para una fallida postulación a la secretaria general de la ONU.

Teniendo en cuenta estas situaciones, desde sectores de la oposición no se ahorraron críticas a su gestión llegando a sostener que el verdadero motivo de su renuncia son los acuerdos que el gobierno trató de hacer con la constructora brasilera Odebrecht cuando no tenía facultades para hacerlo, por ende sostienen que Malcorra no pudo haber estado ajena a esta situación y pidieron que se analicen los antecedentes del caso.

A nivel internacional, Barack Obama festejó la designación de Malcorra porque no solo coincidía con sus intereses globales sino que la conocía no solo por su papel en la ONU sino desde antes como directiva de multinacional IBM. Hoy con Donald Trump, Faurie será puesto a prueba par ver si cumple con renovada política de relaciones carnales con su país, con todo lo que ello conlleva: apertura comercial y financiera, apoyo a Temer, cuestionamiento a Venezuela, carencia de iniciativas propias de diálogo para que los venezolanos salgan de la crisis política y endeudamiento récord con Wall Street.

En su reemplazo estará Jorge Faurie (que es Macri directamente), un diplomático de carrera que se desempeñaba hasta ese momento como embajador en Francia. En tiempos de Alfonsín estuvo en el área de política latinoamericana. Con Menem fue uno de los diplomáticos de confianza del vicecanciller de Guido Di Tella, Andrés Cisneros. Fue miembro del equipo del por entonces embajador en Rumania en los 90, Federico Barttfeld (vale decirlo, un miembro de la organización masónica Propaganda Dos). Llegando a ser vicecanciller de Duhalde en el 2002 cuando la cartera estaba a cargo de Carlos Ruckauf y organizado por el secretario de culto Esteban “Cacho” Caselli.

Su cercanía con el círculo íntimo de Menem hizo que terminara formando Costes, una sociedad con uno de los secretarios privados, Ramón Hernández. Cuentas en Suiza mediante, y en su momento, Faurie se defendió con el argumento de que había omitido incluir en su declaración jurada la sociedad, porque no había llegado a operar con ella. La salida de la Cancillería y un destino en el exterior lo salvó a tiempo.

Como vemos, un cambio que no hace más que reafirmar dos cosas: las neo-relaciones carnales con Estados Unidos y el aparato de una corruptela de pares apoderado del Estado.

Por Valentin Steimbreger

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