Relaciones Internacionales: la mirada en Latinoamérica

Por Emilio Cortese

Actualmente, la Argentina se encuentra inserta en dos grandes procesos de integración regional: el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Esta última, desde sus inicios en el 2007, puso foco en la cuestión social. Sin embargo, el caso del MERCOSUR es muy distinto.
Fundado tras la firma del Tratado de Asunción en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, el MERCOSUR tenía inicialmente un único objetivo: conformar un mercado común para el intercambio de bienes y servicios al calor de las políticas neoliberales que dominaron América Latina durante toda la década del 90. Bajo esta concepción, la única vía para el desarrollo era la liberalización económica y comercial, estableciendo al mercado como único agente regulador.
No fueron pocos los problemas que provocaron estas políticas. El principal error fue rechazar el trato de las asimetrías que tienen entre sí los países del MERCOSUR (territorio, riqueza, infraestructura, diferencias en la promoción de inversiones, acceso a financiamiento). Esto se debió a que se sostenía que la amplitud del mercado iba a beneficiar, principalmente, a los países pequeños. Al no tratarse las diferencias entre las economías, rápidamente surgieron países no viables. Si hacemos memoria, al interior de nuestro país también se manifestó dicha discriminación. País, provincia o región que no produjera para el mercado internacional, quedaba afuera del modelo y, por lo tanto, caía en el “sálvese quien pueda”.
Esta situación tuvo consecuencias directas en el plano social. Cada uno de los países miembro, al dejar todo en manos del mercado y eliminar al Estado como regulador y promotor de la igualdad de oportunidades, ingresó en una crisis socioeconómica nunca antes vista en la historia de la región. El MERCOSUR, por tanto, sufrió las consecuencias del freno en la producción y la contracción del consumo a nivel local, ilustrándose en un estancamiento comercial. En el caso argentino, la liberación del comercio inundó al país de productos importados de muy bajo costo, ocasionando el cierre de fábricas, y el consiguiente desempleo, reducción del consumo y aumento de la pobreza.
Sin embargo, tras la crisis neoliberal de 2001-2002, surgieron en América Latina nuevos liderazgos que plantearon otra forma de integración. Lula da Silva y Néstor Kirchner dieron el puntapié inicial a esta transformación a partir del Consenso de Buenos Aires del año 2003. Posteriormente, el ingreso de Venezuela y la figura de Hugo Chávez (2012), fortalecieron al nuevo paradigma. El objetivo, de aquí en más, se concentró en salir de la rigidez comercial y apuntar a un modelo centrado en la cuestión social. Para ello se propuso una mayor participación de la sociedad. Un ejemplo es la creación del Parlamento del Mercosur (Parlasur).
Se inicia así la etapa del MERCOSUR social, etapa que aún perdura y que se caracteriza por tener una mirada inclusiva y solidaria. La reducción de desigualdades y el desarrollo social son los objetivos, no solo del bloque, sino de cada Estado parte. Por ejemplo, para reducir las asimetrías se creó, en el año 2004, el Fondo para la Convergencia Estructural (FOCEM). El mismo es un mecanismo de transferencia de recursos entre las economías, a partir del financiamiento de proyectos. Lo interesante de la propuesta del FOCEM es la forma en la que se distribuyen los recursos; las dos economías más grandes (Brasil y Argentina) son las que más capital aportan y las que menos reciben.
Nuestro país está frente a una encrucijada. El domingo se elige, no solo presidente, sino también dos modelos completamente opuestos. Por un lado, el candidato del ajuste y la devaluación, Macri, quien promueve retomar las formas de integración de la década del 90, un proyecto, como bien dijimos, basado únicamente en el intercambio comercial y que inundaría de productos importados nuestro mercado interno, destruyendo los puestos de trabajo. Para colmo, Macri ya anticipó que quiere fortalecer los lazos con Estados Unidos, sumándose a la Alianza del Pacífico y retomando la idea del ALCA. Esta posición rompería con los lazos de solidaridad que hoy exhibe nuestro país y nuestra región, concentrándose únicamente en el rol del dinero. Este retroceso tremendo implica, a su vez, mirar para otro lado frente a nuestra historia y cultura, tan apegada a Latinoamérica.
En cambio, el otro modelo de país, es el propuesto por Daniel Scioli, el candidato del Frente para la Victoria. Como ya anticipó en numerosas entrevistas, Scioli buscará fortalecer el MERCOSUR; esto significa profundizar políticas como la libre circulación de profesionales, la capacitación de trabajadores en diferentes países, el Acuerdo Multilateral de Seguridad Social del MERCOSUR (que permite que los aportes de un trabajador se trasladen junto a él en caso de irse a vivir a otro país miembro). En fin, numerosas propuestas desde una perspectiva social, de cooperación regional, entendiendo que la cultura latinoamericana es del sur y no del norte, que se planta desde la solidaridad y no desde el dinero y el mercado.
En conclusión, si queremos seguir fortaleciendo la Unidad Latinoamericana, la Argentina tiene que elegir al único proyecto que lo garantiza, que es el que propone Daniel Scioli. No dejemos que nuestro país se convierta en la punta de lanza del retorno a las políticas neoliberales en la región. Sigamos construyendo una Argentina con inclusión social, con desarrollo económico y respetuosa de las diversidades. Sigamos construyendo una Patria Grande soberana, independiente y multicultural.

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