¿Quién me ha robado el mes de abril?

Me robaron un mes, me roban la vida. Me miran, me señalan, me evalúan, me describen, me putean, me secuestran, me desaparecen, me asesinan y a veces, muerta me encuentran.

La triste noticia de ayer, macabramente relatada y transmitida por los medios amarillistas de comunicación, confirmó que la mujer hallada era Araceli Fulles.

Araceli desapareció hace 28 días. No sabemos si por costumbre o por conciencia, ese día Araceli aviso a su familia lo que estaba haciendo y lo que iba a hacer. “Pone la pava” es casi un sinónimo de “estoy llegando”. Pero Araceli no apareció.

La búsqueda se masificó después de las movilizaciones que generaron la desaparición y hallazgo del cuerpo de Micaela. La comunidad comenzó a organizarse y la cara sonriente de Araceli inundó las redes y las calles. La buscaron casa por casa y nada.

Sin embargo, el cuerpo apareció en una casa que ya había sido allanada. Y esto pone un manto de sospechas sobre toda la investigación. Hay 4 detenidos y un prófugo. Este femicidio confirma la regla: el vínculo entre la mujer y sus verdurgos. Pero también confirma la complicidad entre los hombres involucrados. El descaro con el que, el ahora prófugo Diego Badaracco, declaró 3 veces en esta causa. La impunidad que sobrevuela y da garantías a quienes nos quitan la vida. Y se destapa la olla… la policía cómplice.

 

HAY QUE DECIRLO: Las mujeres no desaparecen porque sí. Las mujeres desaparecen porque el Estado no las protege. Las mujeres no desaparecen porque sí, desaparecen para alimentar muchas veces las redes de trata. Y las redes de trata se sostienen porque las fuerzas represivas del Estado las avalan, cubren y a veces financian.

El Estado ausente, la policía y la justicia incompetentes, los medios de comunicación que nos desnudan sólo profundizan la brutalidad con que nos matan. Si, ahora se empieza a entender que nos matan por ser mujeres. Pero no alcanza. Si no nos repensamos socialmente, no alcanza. Si no cuestionamos los privilegios que los hombres tienen, no alcanza. Si no desmantelamos las redes de trata, no alcanza. Si no cuestionamos los estereotipos, no alcanza. Y las pibas se mueren de a montones.

 

El machismo impone una moral, los femicidas no están enfermos. Reproducen lo que por derecho consideran necesario remarcar: nos matan a las mujeres de cuerpos libres. Nos matan empoderadas. El disciplinamiento es tal, que los machos violentos necesitan mostrar que para ellos no está bien que seamos libres, que disfrutemos de nuestros cuerpos, que bailemos, sonriamos, nos veamos lindas, gustemos. Es cierto que el cuerpo de la mujer ha sido la primera colonia y en tanto no construyamos creativamente las herramientas necesarias para la emancipación, esta sociedad misógina seguirá enterrando mujeres que aman la vida y no las dejan ser. No nos dejan ser. No me dejan ser.

En cada una de nosotras y nosotros está la decisión de cambiar el rumbo de este femigenocidio* del que somos espectadores. Interpelar a la sociedad desde lo más

sutil para quebrar la base de sustentación del patriarcado. Qué quiere decir? Cuestionar lo “natural”, el chiste fácil, la mirada lasciva.

*”crímenes que, por su cualidad de sistemáticos e impersonales, tienen por objetivo específico la destrucción de las mujeres…” Rita Segato

Por Gimena Gonzalez Eastoe

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