Quien lucha, no muere!

Por Adriana Calfual

Tomar decisiones es parte de la existencia. Uno decide cuándo es grande, qué estudiar, qué comer, dónde vivir. Pero, ¿qué pasa cuando no se puede elegir?

Una constante en la región es la ausencia de terrenos habilitados y pensados para ser loteados y la escasez de planes de vivienda que permitan acceder a la casa propia. Y convengamos que en una ciudad como la nuestra en donde más de la mitad de la población se encuentra dentro de un rango etario joven, encontrar dónde vivir se vuelve imposible. Muchos optan por alquilar, pero los costos son demasiado altos y para poder costearlos es necesario tener un buen ingreso económico. Otros, los menos privilegiados, escogen tomar terrenos baldíos para poder hacer su casa y así se genera una organización un tanto espontanea. Esta es la realidad de la Toma La Familia, un asentamiento que nace para dar una solución habitacional a muchos hijos de vecinos del barrio que vieron aquí una gran oportunidad para tener su casa.

La Toma surge hace más de diez años y está ubicada en el barrio Belgrano, convirtiéndose en un punto de referencia dentro y fuera del mismo. Al no ser un barrio planificado es posible detectar muchas falencias, por ejemplo la falta de servicios de forma segura, otorgados por las instituciones correspondientes, conexiones al tendido eléctrico hecho por los mismos vecinos, lo que muchas veces termina provocando incendios. Las casas se van armando con mucho amor y esfuerzo, pero casi siempre con pocos recursos económicos.

A esto se suma que ni la provincia, ni el municipio dan respuesta a los reclamos de los vecinos que pretenden la regularización de las tierras. Por lo tanto, no pueden ni siquiera solicitar los servicios de forma segura. Este barrio lleva más de diez años de lucha, porque aquí cada vecino quiere regularizar su situación, no pretenden que se les regale nada, están dispuestos a pagar las escrituras de sus terrenos y poder tener un pedazo de tierra a su nombre que le permita tener su hogar y vivir con dignidad.

Los vecinos siguen en pie, luchando, esperando ese ansiado día en que puedan escriturar y su sueño se haga realidad

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