Prisión domiciliaria para Leopoldo López y acentuación de la violencia opositora en Venezuela

Este sábado nos llegó la noticia de que el líder opositor venezolano, Leopoldo López, se le había concedido la prisión domiciliaria, en teoría, por problemas de salud. Sin embargo, y teniendo en cuenta la compleja coyuntura que vive el país caribeño, el hecho guarda diferentes interpretaciones.

Una de ellas, es la que entiende la decisión del Tribunal Supremo de Justicia, como una forma de apaciguar, por parte del oficialismo, a una oposición radicalizada que a todas luces ve en las movilizaciones violentas y el sabotaje económico, la innegociable salida del poder de Nicolás Maduro. O más bien (los menos) un gesto de buena voluntad, en pos de un diálogo, el cual la oposición no ha demostrado signos de llevarlo a cabo.

La otra visión del acontecimiento, estará vinculada como un triunfo (a medias) de la oposición, con el peligro que ello conlleva. Es decir, una lectura posible seria: López logró salir de la prisión militar gracias a las movilizaciones diarias contra el régimen. Por ende, podría fortalecer el accionar y el relato opositor de que la única salida posible sea la convocatoria a elecciones.

Recordemos que Leopoldo López fue acusado y condenado a 13 años de prisión por liderar protestas sumamente violentas que han causado la muerte de al menos 43 personas en febrero del 2014 en las llamadas Guarimbas que buscaban desestabilizar al gobierno recientemente electo de Maduro el año anterior, a través de generar caos y el descontento poblacional.

A esto hay que sumarle que el conflicto de poderes que vive la política venezolana, entre el ejecutivo y la Asamblea Nacional de mayoría opositora a partir del 2015, se ha acentuado en el último tiempo, en el marco del llamado por parte de Maduro a una nueva Asamblea Constituyente el 30 de este mes y donde el Poder Judicial se encuentra dividido. La negativa de la fiscal general Luisa Ortega Díaz de convalidar el llamado a la constituyente, ha abierto un nuevo frente para Maduro.

Así las cosas, la realidad de conflicto que se expresa entre los poderes del Estado y la calle, fomentada por una oposición intransigente, dan muestras claras de que la estrategia de desgaste iniciada en el 2013 por ésta última, va abriendo grietas en el oficialismo pero del cual no podemos estar hablando de una rápida derrota letal, dado su refugio en las fuerzas armadas incondicionalmente chavistas.

La nueva situación que abre el arresto domiciliario del líder opositor sin dudas abre un panorama aún más incierto del que teníamos hasta ahora. Y es que la correlación de fuerza ha cambiado estos últimos 3 años de forma tal que se ha acentuado la radicalización de una de las partes con un claro apoyo externo.

La disputa está latente en el país con las mayores reservas de petróleo probadas del mundo. Si, y esto último es lo que mueve los verdaderos intereses de poner fin el proyecto chavista. Negarlo, sería caer en un simplismo funcional y sumamente riesgoso.

Por Valentín Steimbreger

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