Preocupaciones y esperanzas tras el triunfo del uribismo

Por Valentin Steimbreger.

El domingo 17 junio pasado se realizó la segunda vuelta electoral en Colombia. El triunfo del uribista Iván Duque confirma la tendencia al giro a la derecha en todo el continente y abre interrogantes en cuanto a cómo seguirá el proceso de paz y desarme iniciado en la era del ex mandatario Juan Manuel Santos con las guerrillas y su inserción en la política partidaria.

Con una participación del 53,93% habitual en la historia colombiana, Iván Duque del Centro Democrático resultó electo por el 54,03% de los votos mientras el candidato de la coalición de izquierda Colombia Humana y ex alcalde de Bogotá Gustavo Petro, obtuvo el 41,77%. El apoyo de los partidos tradicionales como son el Conservador y Liberal por el candidato uribista fue clave en su triunfo tanto en la primera como en esta segunda vuelta.

La polarización entre los dos candidatos se centro (entre otras cosas) en el acuerdo de paz conseguido con la principal guerrilla del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el posterior dialogo que se está llevando a cabo con la segunda guerrilla en importancia, el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Se puede decir que la polarización estuvo marcada por aquellos que están a favor del mismo con Petro a la cabeza, los que están en contra o los que se pintan como más moderados liderados por Duque (estrategia política mediante) que pretenden modificar algunos puntos del acuerdo que tienen que ver con las garantías a los ex guerrilleros en cuanto a su futura representación política en las dos cámaras del Congreso y el punto que excluye los delitos de narcotráfico en la Justicia Transicional.

Si bien, Petro se quedó en las puertas del Palacio de Nariño, es indiscutible afirmar que la llegada de una izquierda de carácter popular con capacidad concreta de disputarle la hegemonía a las fuerzas de derechas que han gobernado Colombia durante los últimos 50 años, sin redistribución del ingreso y por ende, una violencia estructural, nos habla de un panorama mucho más alentador que todos los pasados.

Hoy, Colombia será gobernada por el delfín de Uribe, un economista con nula experiencia en la gestión pública. Si, así como decían, el país se salvo de ser otra Venezuela, del populismo, la pregunta que habría que hacerse es ¿a cambio de qué? Claro, de un modelo 70-30. 70% excluidos y otro 30% incluido, bajo un contexto de violencia-hambre, que al corto plazo al menos, no tendrá un final.

Como dijo Omar de Jesús Restrepo, alias “Olmedo Ruiz”, un ex comandante de las FARC y futuro representante en la cámara por Antioquia: “Algún día lograremos la paz política, la justicia social, la equidad de género, étnica y regional del país. Los 8 millones de votos de Petro nos dan esa esperanza”.

Estas palabras son las que exponen de la mejor forma el clima de preocupación tras el triunfo de Duque pero a su vez de confianza hacia un pueblo que demostró dar batalla y pensar que otra forma de pensar la política y lo político es posible.

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