Peron: la independencia economica y la defensa de la soberania nacional en nuestros dias

Por Gustavo Baeza- Lic. en Ciencia Política

Empiezo a delinear estas palabras un nublado 1 de julio de 2014, hace cuarenta años atrás fallecía Perón llevándose consigo la más maravillosa música en su alma, fue un día como hoy, tal vez más nublado, pero llovía incansablemente. No llueve hoy en Neuquén, desde donde escribo. Hoy ganó la Argentina también, y festejé como el que más gritando con desahogo el gol sobre el final del segundo tiempo suplementario. Pero no pasó inadvertido por eso el aniversario de la muerte del General. Terminó el partido y fui testigo de los mufas mediáticos que esperan la caída del equipo nacional para decir: “vieron, teníamos razón”, y no es un capricho que los mismos portavoces que quieren la eliminación de Argentina del mundial, sean los mismos que están esperando ver al país de rodilla ante un puñado de especuladores para repetir, nuevamente… “vieron, teníamos razón” o mejor dicho los fondos buitres tenían razón. Y no son estas vanas comparaciones futboleras, nada más lejos de mis intenciones, detesto los simplismos. Pero son los mismos: la corporación mediática; y algún que otro anti-argentino vergonzante de la clase política local, que no dudaría en ponerle precio de remate a las reservas federales.

Las fechas históricas cobrar nitidez con el paso del tiempo, pero también se re-significan con el devenir de nuevos sucesos. No pretendo teorizar al respecto, pero podríamos decir que cuando esto pasa, estamos frente a una historia viva. Los invito, desde la placidez momentánea de saborear un triunfo más en la copa del mundo, a acompañarme con unas reflexiones en torno a fechas y sucesos, que son efemérides de estos días de julio, mientras que el “clacleo” típico de una Computadora del siglo XXI convoca ideas a las puntas de mis dedos, para tratar de transmitirles algunas comparaciones, y detalles de la actualidad que resignifican y llenan de verbo estas efemérides de ayer.

Entre este 1 de julio, y el 9 de julio próximo pueden pasar muchas cosas en torno a la disputa que sostiene nuestro país con un juez norteamericano -Thomas Griesa- por el derecho de Argentina, al ejercicio pleno de su soberanía. Vayamos de atrás hacia adelante. Corría el 9 de julio del año 1947, cuando el General Perón tomo la iniciativa de darle un marco jurídico y simbólico a lo que sería su obra política de gobierno. La Argentina declaraba su segunda independencia, en un hito fundamental del movimiento nacional que Perón encabezaba. Estaba vinculado este episodio, con la cancelación de la deuda soberana del país por parte del gobierno nacional un año antes, 12 mil quinientos millones de dolares. Cualquier aproximación con la realidad actual no es pura coincidencia. Es parte del ejercicio reflexivo que intento proponer, para aprehender de la historia experiencias valiosas para pensar el presente. En aquél entonces, 1947, los países europeos, Inglaterra principalmente para nuestro caso, basados en la imposición de un descaro sin límites, más que en la fuerza militar -desguazada en los campos de batalla del viejo continente- pretendían hacer pagar a los países latinoamericanos y del Tercer Mundo, los daños colosales del conflicto bélico. Es decir, venían por las materias primas y los recursos energéticos abundantes de nuestros países para cubrir los costes. A ello se aprestaba el Imperialismo europeo y norteamericano, por aquellos años, jugando la suerte del planeta en una mesa de Póker, que convocaba a unas pocas naciones a repartirse el mundo, según el antojo de los designios de un sistema capitalista reestructurado en su rapacidad acumulativa. Perón estaba personalmente alertado de este accionar, había recorrido -pocos años antes de ser presidente y el Perón que hoy todos conocemos- la vieja Europa en plena guerra mundial. Ya como primer mandatario de la República Argentina, se aprestaba a enfrentar esta política de rapiña de las grandes naciones. Un 9 de julio de 1947, desde el extremo sur del continente sudamericano, se harían oír las razones y fundamentos de esta cruzada, delineaba en los fundamentos de la Declaración de la Independencia Económica, un modelo de desarrollo económico basado en la expansión de la producción, la industria y el trabajo digno, con el eje puesto en el pleno ejercicio de la soberanía política y económica de la Nación. Un proyecto anti-imperialista inspirado en su genio político y en la tradición antiimperialista Latinoamericana, propia de los grandes movimientos nacionales de la Patria Grande. Lo siguiente expresaba el PREAMBULO de la mencionada declaración, imitando el espíritu de la declaración de la independencia del 9 de julio de 1816, pero profundizando los alcances de aquella:
“Nos, los representantes del pueblo y del gobierno de la República Argentina, reunidos en Congreso Abierto a la voluntad nacional, invocando a la Divina Providencia, declaramos solemnemente a la faz de la tierra la justicia en que fundan su decisión los pueblos y gobiernos de las provincias y territorios argentinos de romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos y gobierno propio y las fuentes económicas nacionales. La Nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder de darse las formas que exijan la justicia y la economía universal en defensa de la solidaridad humana.”

Con este PREAMBULO se remataban las razones de esta declaración de la independencia. Y como decíamos, cualquier parecido con la actualidad no es casualidad ni mera coincidencia. Hoy, a 67 años de estos memorables acontecimientos y a 40 años del paso a la inmortalidad de Juan Domingo Perón, un juez norteamericano pretende poner de rodillas a nuestro país con un oprobioso dictamen que promete repercutir en otros países que enfrentan las pasadas cadenas de una deuda externa fundada en la usura internacional de la especulación financiera; y en el sistema financiero mismo. Pareciera que a los holdouts o a los fondos buitres, y a la “justicia” de su lado, no les basta con cobrar considerables sumas por bonos que compraron a precios ridículos, sino que, parece que la crisis financiera de los países centrales, los empuja a querer hacer pagar las pérdidas de la debacle generalizada en Europa, a los países soberanos que pretenden sostenerse con crecimiento genuino basado en producción, trabajo, desarrollo social y económico. Dentro de las razones que esgrimía Perón en aquel entonces para declarar la independencia económica, estaba fundamentalmente la de “consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de las que en el país pudieran estar a ellos vinculados”.

Por esas paradojas de la historia, toca nuevamente a un gobierno peronista reafirmar la voluntad soberana de la nación de resguardar las “fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política para que en el comercio internacional tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos de trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y su porvenir.” Como rezara la citada declaración de la independencia económica de 1947. La política económica de Perón estuvo sistematizada por 2 planes quinquenales de gobierno, luego de cancelarse la deuda externa, en 1946 acrecentada de antaño, por una oligarquía anacrónica y parasitaria. Perón recordaría a menudo que el mismo termino de pagar en 1946, el empréstito que Bernardino Rivadavia, tomara con la Banca Baring Brothers alla por 1822.

Pero continuemos con los fundamentos seguidos a continuación del párrafo anterior… “Así lo entienden y así lo quieren, a fin de que el pueblo que los produce y elabora y los pueblos de la tierra que los consumen puedan encontrar un nivel de prosperidad y bienestar más alto que los alcanzados en ninguna época anterior y superiores a los que puedan anotarse en el presente. Por ello, reafirman la voluntad de ser económicamente libres como hace ciento treinta años proclamaron ser políticamente independientes.” Y será por eso que decía el General de que para el peronismo no existe más que una sola clase de argentino: el que trabaja. Por y para el pueblo era la obra de gobierno del peronismo, y no hay otra forma de entender el peronismo hoy, que cargando con la inmensa dificultad de una deuda descomunal, asume la misma tarea histórica, mejorando inmensamente el nivel de vida de la clase trabajadora argentina, e incluyendo a los excluidos. Fenómeno que en épocas de Perón no era normal. Y si uno compara la prosperidad y el bienestar del presente, con lo que era la argentina hace 11 años atrás, estas palabras justificatorias de la “Segunda y definitiva independencia”, parecen cobran un profundo estado de significación, y no por extrapolación; sino por que cuando Perón gobernó la argentina, lo hizo luego de años de latrocinio de las elites pastoriles pro-británicas que vivía a costa la explotación de la inmensas mayorías. Cuando Nestor Kirchner asume su mandato, el país venía de casi 50 años de sistemática destrucción en la que el imperialismo norteamericano había jugado un rol central, y con el agravante de la aceleración de la destrucción de la industria nacional y el patrimonio público en los 90, más la herencia de la dictadura del 76, todavía hoy inmune a muchos mandatos de la democracia. A 47 años de aquella declaración de la independencia económica, a 198 años de la declaración de la independencia política, y a 40 de la muerte de Perón; le toca al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner encabezar una lucha nacional en contra de los que ayer y hoy, quieren poner de rodillas al país, impidiendo el pleno ejercicio de la soberanía nacional en función del progreso del pueblo argentino en razón de su dignidad humana. Hoy como argentinos, quedarse a mitad de camino en esta cruzada, es tan nefasto como permanecer marginal a esta realidad y a la historia que la precede.

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