Pequeño Mauricio Ilustrado

De regreso, que no es poco. Y cómo.Y qué semana. Cuando empezó junio estábamos en la lona: paro de camioneros, amenazas de los petroleros, críticas de todo el mundo. Pero alguien nos salvó. No fue el Mesías, pero más o menos. Antes estaba el relato K, pero era aburrido, ideológico, antiguo. Nosotros inventamos un nuevo género: la novela policial fantástica y el cine negro bufo, como el dirigido por Tarantino, con lluvia de billetes, de droga, de balas y hasta monjas de clausura. Faltan futbolistas desnudos y botineras despampanantes. Ah, ¿ya están? Bueno, veamos hoy algunos apellidos que se menean estos días en los medios.

 

Arbizu: se hizo justicia. Un señor que fue ejecutivo de un banco de donde lo despidieron por fraude, se escapó, vino acá y denunció a empresarios a los que ayudaba a lavar dinero, no es serio. Lo mejor es que esté en cana, y en Estados Unidos, qué joder.

 

López: originalmente quería decir hijo de Lope, o perteneciente a la familia de Lope. Es uno de los apellidos más populares, junto con Pérez, Fernández, Rodríguez y García en la guía telefónica. Pero hablamos de uno en especial: un ilustre señor que nos salvó el año. Si el semestre amenazaba con naufragar, volvimos a la flotar en aguas mansas.

 

Moyano: señor que en alguna época trabajó de camionero, luego fue dirigente sindical y ahora quiere ser presidente de la AFA. Creo que no le da para la Liga, aunque le gustaría.

 

Nisman: la nada Nisman. Esta novela no nos salió tan bien. Ahora parece que el suicida se suicidó o que el homicida llegó tarde. Es un misterio más.

 

Clarquén

 

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