Paro general en Brasil

Este viernes las organizaciones sindicales realizaron el primer paro general desde 1996 contra las políticas de corte neoliberal llevadas a cabo por el gobierno de Michel Temer.

El estado recesivo de la economía y el deterioro en materia social que vive el país carioca, tuvo su respuesta por parte del movimiento obrero organizado y que ha paralizado a las principales ciudades. Empleados públicos federales y estaduales, maestros de la enseñanza pública y privada, petroleros, bancarios y los estratégicos gremios del transporte, todos convergieron en una muestra de presión, casi sin precedentes. Recordemos además que desde el 31 de agosto del 2016 que asumió la presidencia (tras la destitución por juicio político de Dilma Rousseff) la popularidad del mandatario ha caído a niveles históricos.

En lo político, los casos de corrupción que salpican a muchos funcionarios de la actual gestión y la poca legitimidad con la que cuenta Temer, están desgastando al régimen. En lo social, la cifra de desempleo en la población económicamente activa y según datos del mismo Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, trepó al 13,7% con respecto al 10,9% del año pasado. Así, la economía desde el 2015 viene cayendo un 3,8%, un 3.5% en 2016 y se espera que este año repunte tan solo un 0,2% con una gran dosis de optimismo.

La movilización del viernes fue específicamente en contra de las políticas liberales que buscan destruir las conquistas de los trabajadores. Por eso, una de las banderas del paro fue en contra de la reforma del sistema de jubilaciones como también del intento de flexibilizar los contratos de trabajo y que esperan este miércoles el visto bueno del Senado. Sin embargo líderes sindicales estiman que dicha aprobación será difícil de obtener después de lo acontecido el viernes.

Si bien las altas esferas del gobierno no le atribuyeron mayor relevancia al paro general, haciendo foco en los actos vandálicos de pequeños grupos (como los anarquistas Black Block), las mismas autoridades decidieron poner en vigencia un “protocolo”, que permitirá la intervención de las Fuerzas Armadas en la represión de las manifestaciones.

Esta situación, y sobre todo después de la marcha, empieza a generar algunas grietas en el propio gobierno de Temer, pero sobre todo en su base parlamentaria, a la cual necesita unida para poder avanzar en su plan de reformas estructurales.

En este contexto el ex presidente, líder del Partido de los Trabajadores (PT) y potencial candidato para las próximas elecciones Luiz Inacio Lula Da Silva dijo que “la reforma laboral es un retorno a la esclavitud”.

Hoy, no queda ninguna duda que Temer llegó a la presidencia de la mano de los grupos concentrados de la economía para “hacer lo que hay que hacer” (como le gusta decir a los políticos y economistas liberales) y que no es otra cosa que la “difícil” tarea de redistribuir las perdidas para poder privatizar e incrementar las ganancias de los buenos muchachos.

Por Valentín Steimbreger

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