Papa argentino ¿Más papado? ¿Mejor sociedad? ¿Más nación?

Por Gabriel Rafart*

La designación de Jorge Bergoglio al frente de la Santa Sede abrió un inesperado debate político tanto para el país como para el resto del mundo. Si algo faltaba era un Papa argentino.

Nacionalismo y Papado en manos de un argentino

Los argentinos fueron sorprendidos. La nación se sobresaltó. Se infló el orgullo de los nacionalistas que creen que el país está para más. Esos que dicen que la Argentina tiene un destino manifiesto hoy pueden afirmar que lo ha logrado. El año 2013 pasará a la historia mundial por la designación de un Papa argentino. ¿Un triunfo para la Nación? ¿Los nacionalistas están de fiesta? ¿Cuál de todo el menú que supo y saben cultivar los argentinos? ¿el nacionalismo popular? ¿nacionalismo conservador? ¿ese que es también reaccionario? ¿u aquel otro que se precia de nacionalismo liberal? ¿acaso cuenta el nacionalismo de izquierda?, ¿Nacionalismo de élites? ¿Nacionalismo instrumental? ¿Y por qué no un nacionalismo cristiano? ¿O mejor vale pensar un nacionalismo cristiano-peronista?.

El nacionalismo siempre primero en la fórmula. Aunque este último que incluye a lo cristiano-peronista tiene algo de ecuménico en la misma proporción que aldeano rioplatense. Algunas de estas identificaciones resultan excesivas, otras precarias, las más de las aulas universitarias. Pero cuando se reúne con lo popular se dice que es la consagración del nacionalismo. Todas buscan saber a quién o a qué movimiento de opiniones políticas-culturales calificar como tal. Lo cierto es que todas esas fórmulas deben rendirse ante una suerte de regreso del nacionalismo católico. Ese que cabe en el molde del conservadurismo donde todo debe ser moderado, que por momentos cae sanamente en la búsqueda de lo “popular” como aquel nacionalismo católico que logró expandirse durante los años treinta del siglo pasado cuando se creó la Acción Católica. En ese tiempo se privilegiaba el respeto a la cruz como defensa de un orden de jerarquías sociales a partir de la desigualdad de recursos económicos. Los ricos bien con sus arcas si son piadosos y defensores del orden familiar. Los pobres también debían ser iguales en valores aunque desprovisto de tesoros. Treinta años después, hacia fines de 1960 hubo otro nacionalismo también católico que pensaba “ir al pueblo” pero bajo el signo de la revolución. Su idea era terminar con la injusticia y la pobreza. Allí nace ese mundo de curas que piensan y viven las villas. La opción por la pobreza era más que limpiar pies de presos o besar otros pies de huérfanos.

Hay que volver al tema del nacionalismo, aunque este sea genérico. Cuenta el que abrió los sentidos a los “logros” de la argentinidad. Hay un Papa qué es Argentino. Involuntariamente para sus autores, se agregó una nueva línea al tema conocido de La Bersuit: “La calle más larga,/ el río más ancho,/ las minas más lindas del mundo…/ el dulce de leche,/ el gran colectivo,/ alpargatas, soda y alfajores…/ Papa argentino… la argentinidad al palo”. Solo las Malvinas pueden decirse que falta a esas estrofas mientras la posesión efectiva esté en manos británicas.

Peronista, jesuita… pasado que cuenta

Hay un nuevo jefe de la Iglesia Católica, que es extra europeo, latinoamericano y porteño. Además, jesuita y como tal, con su llegada al trono de San Pedro resulta una suerte de revancha tardía por la expulsión de su misma orden ocurrida en los tiempos en que los Borbones españoles gobernaban América. Sucedió hace dos siglos y medio. Aún así sigue siendo una gran orden de hombres dispuestos a llevar la espada, la cruz y los libros a sus misiones. Es una orden militante, como pocas.

Hay otra novedad: la entronación del nuevo pontífice podría considerarse como la consagración ecuménica del peronismo. Porque se dice que es peronista o que su pasado está ligado a aquel movimiento que se fundara a mediados de los años cuarenta. Ya no es exclusiva la memoria de Hugo Chávez, quien admiró a Juan Perón y se decía peronista.

El mismo Jorge Bergoglio pertenece/perteneció al rebaño creado por Perón. Los “Guardianes”, por la agrupación de una derecha formadora de cuadros para ese movimiento comandado por Alejando “el Gallego” Álvarez –Guardia de Hierro– consideraron a Bergoglio uno de los suyos, en ese tiempo en que no era tan joven ni tan viejo, durante la década del setenta. Su protagonismo en los años de la dictadura seguirá en entredicho, de la misma manera que su antecesor quién vivió sus tiempos juveniles en la Alemania del consenso hacia el nazismo.

Como cuadro importante de la orden, el nuevo Papa mantuvo por largo tiempo el control de una universidad –la Universidad del Salvador– que aun en la dictadura supo cobijar a algunos universitarios peronistas de las llamadas Cátedras Nacionales y Populares implementadas en la corta primavera camporista en la UBA. Por supuesto que no todos ellos venían de las izquierdas mayormente peronistas, pero por sus contactos y protagonismo, estaban en mira del aparato represivo del régimen militar. En esto lo de Bergoglio puede cargar con la cuenta, más cara o más económica. Sin embargo, hay que decir que si lo hace mal es con cierta justicia, de acuerdo a lo hecho por el grueso de la Iglesia Católica que compartió objetivos con la última dictadura. La misma institución que a la fecha no ha expulsado de sus filas al cura Christian Von Wernich y de aquellos otros que eran capaces de ir a los centros de tortura, cuando no, se expresan a favor de los procedimientos represivos. Quienes conocieron de cerca, entre otros a Monseñor Antonio Plaza de la ciudad de La Plata saben de qué se habla. Lo cierto es que el vendaval represivo que se abatió sobre la Argentina en los años setenta tenía a la cruz como paragua protector de los asesinos.

Aun así las voces que se levantan para alejar al nuevo Francisco de ese tiempo nada dicen del pasado de esa misma Iglesia. Siempre les resultará difícil porque implica una operación de cirugía delicada para la que no están preparados ni consideraran oportuno frente a la necesidad de la política local. Desde otras miradas se ha realizado esa tarea de diferenciación, sobre todo cuando se valora el rol destacado de Jaime De Nevares o Miguel Hesayne, entre otros, en la defensa y protección de la vida durante la última dictadura.

Conservador reformista, conservadurismo asistencialista, ejemplar austeridad del Papa.

Por supuesto que la llegada del argentino y peronista a Papa no se da en el mejor momento de la Iglesia con sede en Roma. La cifra de 1.200 millones de fieles, aun si fuera cierta, ya no lo hace el pueblo-iglesia más numeroso del planeta. India y China son Estados y pueblos que lo superan. Aun con ello este mundo de católicos es el más firme, con una capacidad de permanencia y de relanzamiento que sólo quienes tienen la mirada puesta en la historia logran comprenderlo. Para esto último, su relanzamiento, nada mejor que un hombre tan político y prolífico como el argentino. Hasta su peronismo conservador resulta indispensable como guía para la acción. Ese peronismo que sabe conservar pero que también logra entenderse adecuadamente con los tiempos.

Bergoglio no será el Papa reaccionario, seguirá las enseñanzas del conservador moderno. Mirará al pasado, tomara la totalidad de historia de su religión, pero tendrá su ojos puestos en el presente y, como tal, será un hombre que pode por aquí y haga prender injertos por allá, todo dentro en las ramas del gran árbol que es su iglesia. Sin tocar el tronco, aun menos las raíces. Según se dice lo hará porque es un reformista nato. Porque además es un hombre de fórmulas consensuales. Y entre sus logros está la promoción del famoso Diálogo Argentino de los tiempos de la crisis del 2001. Fue allí que demostró una capacidad de hombre político.

Otros exageran pensando en un Papa que promoverá una auténtica revolución dentro de un Estado de tipo antiguo que no conoce ni es posible que pueda aplicar el significado de la palabra modernidad, menos aún la santa trinidad que conforman igualdad, libertad y democracia. Habrá más equivocaciones que aciertos en esta imagen que llegan hasta la idea de una revolución, porque el espíritu papal parece más adecuado a la actuación de un conservador moderno.

Se habla del “efecto Francisco” que no beneficiará ni perjudicará a la Presidenta. “Este papa cambiará el mundo, pero no podrá cambiar la Argentina”, afirmó medio en broma Rosendo Fraga. Para ello empezó a trabajar el nuevo santo padre.

*Docente de la Universidad Nacional del Comahue

2 comments

  1. En mi opinión hay un par de detalles históricos que omite el autor del artículo para plasmar una imagen de Bergoglio (y por extensión a la orden jesuita) por de más positiva.
    Me refiero a que cuando habla de la orden jesuita y dice de ella que “sigue siendo una gran orden de hombres dispuestos a llevar la espada, la cruz y los libros a sus misiones. Es una orden militante, como pocas.” no se toma un minuto para aclarar contra quiénes usaron la espada, la cruz y los libros: la desaparición de los pueblos originarios, sobre todo en el noreste, se debe a esa espada y a la desaparición de su cultura por medio de la imposición de la cultura occidental y la religión católica.
    El otro detalle histórico importante que omite el autor es que el “nacionalismo cristiano” fue una de las banderas que usaron los militares durante la dictadura militar, y en cuya ideología se escudaban, con el amparo explícito e implícito de la Institución católica, y aún sufrimos las consecuencias de ese período histórico nefasto.
    Bien plantea el autor que hay que saber diferenciar, parafraseando, entre “curas buenos” y “curas malos”, entonces no hay parangón de comparación entre Jaime de Nevares y Bergoglio. Sus ideologías fueron muy distintas. Don Jaime de Nevares no era jesuita ni peronista, y eso es lo que lo hace mejor.
    Ahora que ya han pasado unos cuantos días, supongo que el análisis sobre la influencia de Bergoglio en Argentina quedó viejo. Ya vimos que el oficialismo mismo salió a decir que ahora que tenemos papa argentino ni hablemos del aborto legal.

  2. Es cierto que se “omite” esto que vos planteas, sera cuestion de preguntarle a Rafart directamente. ahora bien, me parece que el articulo lo que busca es analizar, reflexionar sobre cómo modifica o no las decisiones que a nivel nacional se vienen llevando adelante. es decir hasta que punto la influencia papal se vera plasmada en la politica de gobierno. En principio, para saber lo que vendra, hay que esperar a que venga. uno puede suponer, claro. pero no puede hacer “historia contrafactica”. Yo tambien quiero que el estado y la iglesia se separen de una buena vez y que dejen de existir aportes nacionales para una religion (cualquiera sea). Sera cuestion de seguir peleando por un Estado Laico y Popular!

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