“Organizados y Solidarios”

Por Ailin Gamoneda

Las declaraciones del Intendente de la Ciudad, nos cayeron como baldazo de agua fría: “la ciudad se iba a inundar”, por eso rápidamente nos pusimos a trabajar. Sabíamos que todo lo que pudiéramos prevenir ayudaría a moderar las consecuencias de la lluvia.

El domingo recorrimos los barrios Don Bosco II, III y los Polvorines, zonas que con lluvias menores ya habían sufrido inundaciones. Charlamos con los vecinos y fuimos alertando acerca de lo que se venía. El primer reflejo fue: “te dejo mi número por las dudas, llámeme a la hora que sea y te venimos a buscar”, tratando de no alarmarlos pero haciéndoles saber que no se venía nada bueno.

Ese mismo día comenzamos a recolectar ropa, calzados, agua, frazadas, colchones y todo lo que fuera necesario. Los vecinos se fueron acercando a colaborar, algunos de manera espontánea, reconocieron en el Centro cultural, que lleva 4 años en Villa Florencia, un centro de recepción.

Aquella noche lamentablemente, los teléfonos sonaron y allí estuvimos, socorriendo a nuestros vecinos, los que veían el agua entrar a sus casas y no encontraban otra solución más que evacuarse hasta que pasara la “tormenta”.

El lunes la ciudad amaneció desbordada, en las calles lo único que había era agua, barro y alguna que otra camioneta tratando de avanzar por las calles que, en muchos casos, tenían hasta un metro de agua. Como no ocurría desde hacía 40 años, la ciudad de Neuquén se encontraba inundada.

En las horas siguientes afloraron las ganas de colaborar, de ponerse a disposición, el “en qué ayudo?”. Al llegar el mediodía las donaciones se habían multiplicado y los vecinos que “no estaban tan mal” acercaban todo lo que tenían a mano para poder ayudar. El primer acercamiento lo hicimos en la Toma de las 127 hectáreas, de Ignacio Rivas al fondo, en donde los vecinos organizados nos dieron una mano para evacuar a algunas personas y para ayudar a otras.

Una vecina que contaba con un purificador se ofreció a filtrar agua, ya que no se conseguía envasada, y la misma había subido de precio de la noche a la mañana fruto de la especulación. Otro, nos prestó un kayak para poder llegar a zonas donde no se podía acceder ni siquiera en 4×4. Comerciantes de alrededores nos donaron leña y agua. La colecta de ropa, alimentos, frazadas y agua se hizo cada vez más grande, la solidaridad se multiplicaba.

El día martes el trabajo continuó con el mismo ritmo aunque en la medida que pasaban las horas íbamos ganando niveles de organización que nos permitieron seguir asistiendo a aquellos a los que todavía no les había llegado nada. Al caer el sol, dos camiones del ejército llegaron para poder entrar al barrio Los Polvorines el cual se encontraba totalmente anegado. Allí acercamos agua, leña, ropa y comida, todo lo que habíamos podido conseguir hasta el momento. Nos sorprendió, gratamente, la solidaridad que reinaba entre ellos a pesar de que hacía dos días que no podían salir de sus casas, incluso algunos nos donaron ropa para otros que lo “necesitaran más”.

Como nos gusta decir, “esto no acaba cuando sale el sol”. Nuestra tarea continua, ayudando en la reconstrucción de los barrios y en la organización territorial. A las claras queda que la única forma de resistir las adversidades es a través de la organización y además, es necesario un proceso de reflexión acerca de las responsabilidades políticas del estado provincial y municipal acerca de cómo se actuó antes y después de la catástrofe. Nos deja tranquilos que somos parte de un pueblo solidario y fuerte, capaz de resistir las peores situaciones con mucha dignidad.

Y no queremos dejar de destacar que ese lazo solidario que nos unió no tiene que ver necesariamente con qué seamos del mismo color político, o estemos en la misma agrupación, ni siquiera que seamos de la misma religión; todas las personas que se acercaron a donar cosas, a poner su trabajo a disposición, todos aquellos vecinos que a pesar de estar inundados fueron facilitadores de la tarea acompañando en los relevamientos y en la distribución de la ayuda, con todos ellos nos sentimos hermanados en una causa común que es la felicidad de nuestro pueblo.

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