Matrimonio Igualitario en el Mundo

Por Mesa Nacional de la Igualdad

En las últimas dos semanas Uruguay, Nueva Zelanda y Francia aprobaron leyes de igualdad, reconociendo el matrimonio entre personas del mismo sexo sin ningún tipo de distinción discriminatoria. A su vez, el Senado de Colombia rechazó un proyecto en el mismo sentido a pesar de que está por vencer el plazo que la Corte de Justicia impuso para legislar en la materia.

Desde la Mesa Nacional por la Igualdad celebramos los recientes avances en materia de igualdad de derechos a la vez que lamentamos la actitud discriminatoria para nuestras familias por parte de una mayoría de senadores y senadoras de Colombia.

En este último caso, a pesar de que se encuentra próximo a vencer el plazo que el máximo tribunal de ese país puso al Congreso para que reconozca los derechos de las parejas de personas del mismo sexo, una mayoría de miembros del Senado votó en contra de avanzar en el tratamiento de una ley de Matrimonio Igualitario. Para colmo, la calidad de los argumentos en contra recuerda a las peores cosas que debimos escuchar lesbianas, gays, bisexuales y trans de Argentina durante las audiencias públicas que recorrieron nuestro país.

Se nos acusa de transmitir enfermedades graves, de disminuir la longevidad de la población general, y toda una serie de argumentos que aún sin tener sentido ni fundamento científico ni lógica alguna, promueven la discriminación, la violencia y el odio contra nuestra comunidad.

De todos modos renovamos nuestro apoyo y compromiso con las organizaciones de la diversidad de la hermana República de Colombia, y recordamos que la igualdad llegará pronto, como lo muestran los importantes avances de los últimos días.

Por cierto, en los últimos quince días fueron tres los países que aprobaron leyes de Matrimonio Igualitario similares a la que rige en nuestro país desde el año 2010. Y tan diversos geográficamente como pueden ser Uruguay, Nueva Zelanda y Francia.

Además, se espera que Inglaterra y Gales pronto avancen en el mismo sentido y en Chile, Paraguay e Irlanda comienza a plantearse el mismo debate, mientras países como EEUU, México y Brasil avanzan Estado por Estado.

Cabe destacar la actuación de la Federación Argentina LGBT, que ha participado e intervenido en estas campañas de diferentes maneras: mediante la presentación de un amicus curiae ante la Corte Suprema de Colombia, en paneles de debate y con nuestra presencia en el Congreso en el caso de Uruguay, organizando un picnic por la igualdad con la comunidad francesa en la Argentina y mediante el matrimonio de turistas que permitió fortalecer el debate público en Uruguay, Paraguay, Australia y otros países de la región y del mundo.

Todos estos avances fundamentales dejan en claro que la igualdad llegará pronto a toda la región. A diferencia de otros países, en Argentina contamos con el apoyo del Gobierno Nacional. Quienes se oponen hoy y votan en contra, esgrimiendo argumentos violentos y discriminatorios, deberán hacerse cargo mañana en las urnas y en no mucho tiempo ante el escrutinio de la historia, de haber ratificado las desigualdades y colaborado a promover la violencia y el odio contra las personas LGBT.

Que tantos países hayan avanzado en tan poco tiempo hacia el matrimonio igualitario es una excelente señal, y seguramente impulsará a otros tantos a hacerlo. Ahora más que nunca debemos colaborar entre los movimientos de la región y del mundo para seguir avanzando, que es la única forma de no volver atrás. Lo ocurrido en Colombia no cambia nada: muy pronto el plazo que impuso la Corte vencerá y las organizaciones estarán exigiendo el ejercicio de sus derechos, negados explícitamente por el Congreso e ignorados por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos.

Desde la Mesa Nacional por la Igualdad ratificamos nuestro compromiso global con los derechos del colectivo de la diversidad sexual, y llamamos al gobierno argentino a redoblar su notable compromiso con la igualdad en materia internacional, y a los organismos internacionales a profundizar los esfuerzos para que avancemos regional y globalmente hacia un mundo sin violencia y discriminación para las personas LGBT, y donde el ejercicio pleno de nuestros derechos humanos deje de ser una utopía.

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