Las FARC le dicen adios a las armas

Esta vez, las buenas noticias y la incertidumbre vienen de Colombia. Las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) abandonan las armas para convertirse en un partido político. Si bien marcaría el fin de una etapa negra en la historia del país, no será ni por asomo el fin de una violencia estructural que cuenta con la participación de muchos otros actores de poder que influyen en la vida social, política y económica.

El desarme de la guerrilla más antigua de América Latina es parte de los acuerdos de paz de noviembre pasado entre el presidente de Colombia Juan Manuel Santos y el líder guerrillero Rodrigo Londoño Echeverri alias “Timochenko”, después de un largo proceso de encuentros entre ambas partes conocidos como los “diálogos de paz” iniciados en el 2012 en La Habana y Oslo.

Mas allá de los discursos escuchados entre ambos líderes plagado de buenos modales y algunos trapitos sacados al sol, una cosa debe quedar bien clara, y es que la violencia histórica en el país, fue el resultado de una burguesía que jamás tuvo ni remoto animo de redistribuir ni si quiera un peso de la riqueza. Por ende, no resulta casual que el asesinato del caudillo liberal Eliecer Gaitán en 1948 sea el comienzo de una espiral de violencia que nos llega hasta hoy.

A esta cuestión histórica del origen del conflicto, se le suma ahora el futuro de lo que vendrá. Es decir, el fin de la guerrilla por si solo y su incursión en la arena política, no acaba con las bandas criminales, con los grupos armados de ultra-derecha, ni con el narcotráfico, ni con los millones de desplazados, ni menos que menos con los nexos entre políticos y estos grupos que hacen un coctel explosivo, difícil de desactivar, al menos, a corto plazo.

En cuanto al futuro, los desafíos que se pueden percibir tendrán que ver con la forma en que se dará la reincorporación a la vida civil de los guerrilleros, una de las tareas mas complejas sobre todo si tenemos en cuenta las heridas ocasionadas a nivel social, y el hecho que no se hará justicia (o al menos solo una parte).

Un nuevo panorama que se abre en Colombia si bien nos puede guiar desde una mirada simple hacia un horizonte de esperanza concreta, la verdad es que es mas preciso afirmar que ese futuro, solo estará plagado de contingencias, que nos dirá el verdadero precio de una paz necesaria.

En el acto celebrado este 27 de junio en el municipio de Mesetas, Timochenko exclamò: “Debe cesar toda persecución política” y además afirmó que ellos “no le fallaron a Colombia”. Esta declaración remarca a grandes rasgos estos nuevos desafíos que enfrentara desde ahora en más: el nuevo rol de los guerrilleros y la conformación de un partido político de izquierda compuesto por estos, ante una sociedad al menos expectante.

El conflicto armado en Colombia ha dejado 200.000 muertos y 8 millones de víctimas. Números que hablan por si solo de la magnitud que alcanzo este conflicto histórico y que abre un nuevo capítulo de esperanza, pero a su vez de incertidumbre de como reaccionaran tanto los grupos de poder auspiciantes de la violencia endémica.

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