La tercera es la vencida

Por Valentín Steimbreger

Superados los fantasmas del fraude y con más del 50% de los votos hasta el momento, este domingo resultó electo presidente Andrés Manuel López Obrador (popularmente conocido como AMLO) de la coalición “Juntos Haremos Historia” dejando en un segundo lugar a la alianza del PAN (Partido Autonomista Nacional) “Por México al Frente” de Ricardo Anaya y en el tercero a la del PRI (Partido Revolucionario Institucional) “Todos por México” liderada por José Antonio Meade. Además se quedo con 6 de las 8 gobernaciones en disputa en esta elección. La opción Obrador puede ser leída como el antagonismo entre continuidad y cambio, como un voto-bronca contra el sistema de los partidos tradicionales pero también, como la primacía del pragmatismo sobre el purismo en la política.

“Un verdadero luchador no es el que siempre gana, sino el que a pesar de sus derrotas jamás se rinde” se puede leer en unos de los afiches en apoyo a AMLO en Tepetitán. Militante del PRI en sus comienzos, pasó a ser candidato presidencial del centro-izquierdista PRD (Partido de la Revolución Democrática) en 2006 y 2012, pero ahora AMLO se ha convertido en el líder del partido-movimiento social izquierdista Morena (Movimiento de regeneración Nacional) que se ubicó en las encuestas como el gran favorito para estos comicios.

Con un discurso repetitivo basado básicamente en contra de las políticas neoliberales, el narcotráfico, la violencia y la corrupción encarnadas por la misma derecha que representan el cogobierno del PRI y el PAN, el flamante presidente electo afirmaba en su cierre de campaña en un colmado Estadio Azteca que “nuestro gobierno respetará a todos, pero dará preferencia a los pobres. Lo haremos como siempre, por convicción, pero también porque en una sociedad desigual como la nuestra es casi imposible conseguir la paz sin que haya justicia y bienestar”. La pregunta sería si con este resultado ¿podemos hablar ya del comienzo de una reversión en el giró a la derecha que ha sufrido el continente en este último tiempo?

Este punto no queda del todo claro, a pesar del entusiasmo de los sectores de izquierda continental y europea, dado que la praxis del futuro gobierno dependerá de las alianzas que se logren establecer con los distintos bloques de poder en la compleja realidad socio-económica del país por lo que se espera mas, una figura moderada de centro-izquierda a lo Lula que una a lo Chávez, con coaliciones pragmáticas que van desde el Partido del Trabajo (PT) a partidos de derecha y de raíces evangelistas como el Partido Encuentro Social (PES). Esta última característica “atrapa-todo” del movimiento, nos puede anticipar futuras tensiones en el equipo de gobierno dado que hay corrientes diferentes que impulsarán en distintas direcciones. Además, vale recordar que Obrador fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México desde el 2000 al 2005 implementando si políticas sociales claras pero sin afectar los intereses del gran capital. Al contrario y como ejemplo: entregó gran parte del centro de la ciudad a los negocios inmobiliarios al multimillonario Carlos Slim.

Por último, otro punto importante es la relación con su vecino del Norte y que sabemos que no le resulta lo mismo un Obrador en el Palacio Nacional que un Meade o un Anaya. Un México que al parecer vuelva a mirar al Sur y tome cierta distancia de Estados Unidos, claramente no darán igual.

La “revolución sin violencia” y la figura de un “buen presidente” prometida por AMLO parece estar lejos de estridencias radicales y mucho más cerca de la izquierda posible. No purista, no exenta de contradicciones. Con limitaciones propias de la complejidad que ofrece el sistema político-económico de poder mexicano y su posición geopolítica, pero sin que ello no deje de significar una nueva coyuntura con fuertes dosis de una esperanza menos ingenua de las mayorías, AMLO representará una nueva forma de hacer política desde la izquierda por primera vez en el poder.

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