La proporción aurea: la fórmula matemática de la belleza

Pocos conceptos son tan importantes en el mundo del arte como el de “La proporción Aurea” representada por la letra Φ “Phi” en honor de Fidias de Atenas, quien fuera el arquitecto supervisor del Partenón. El arquitecto y escultor Fidias descubrió que, si a un rectángulo con las proporciones correctas, se le recortaba un cuadrado perfecto, el rectángulo restante tendría la misma proporción que el rectángulo original y que se podía repetir este procedimiento infinitamente.

En cuanto a la belleza de la proporcionalidad se puede apreciar en el propio Partenón que en su mayoría está hecho de rectángulos áureos.

Otro gran exponente de la utilización de las proporciones áureas fue el genio Leonardo Da Vinci, que realizó varias de sus obras con la técnica de los rectángulos dorados. Por ejemplo: “La última cena”, “La Gioconda” e incluso “El Hombre de Vitruvio” en el que se ve un hombre con las proporciones ideales del cuerpo humano.

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Entre otras grandes obras en las que se puede apreciar la fórmula matemática de la belleza se encuentra la obra “Las meninas” de Diego Velázquez. Considerada por muchos la obra maestra de Velázquez, más allá de los elementos, técnicos, políticos y sociales que presenta la pintura. Sus dimensiones tienen las proporciones doradas de la belleza.

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El rectángulo dorado también se encuentra en la arquitectura moderna. Por ejemplo, el edificio de las Naciones Unidas que está construido enteramente por rectángulos áureos.

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Otro concepto que se desprende de esta serie de rectángulos infinitos es la espiral de oro. La misma se encuentra al trazarse una espiral logarítmica dentro o fuera de los rectángulos, lo que genera un espiral muy visto, no solo en las grandes obras artísticas, sino en la naturaleza misma. Desde algo tan inmenso como una galaxia hasta algo tan diminuto como los pistilos de los girasoles o la concha de un caracol.

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Por si fuera poco, el propio cuerpo humano presenta estas mismas proporciones regulares, por ejemplo el hueso que va de la muñeca al nudillo es igual a la suma de los dos huesos más largos del dedo, y la sección más larga del dedo es igual a la suma de la sección media y pequeña del dedo.

Así, partiendo de un simple rectángulo, podemos comprender la belleza que se encuentra no solo en las grandes obras artísticas sino las más hermosas expresiones de la naturaleza.

 

Por Jaher

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