La marcha del hartazgo

“¡Todas somos Micaela!” fue el grito que el 8 de abril a las 20 horas resonó en las ciudades del país.

El primer sábado de abril Micaela García caminaba por las calles de Gualeguay rumbo a su casa luego de haber ido a bailar con sus compañeros y amigos de la facultad como cualquier otra noche de sábado; pero lamentablemente fue víctima de violencia machista ejercida por un violador serial, quien luego de abusarla la estranguló y escapó.

La mañana del sábado 8 que hallaron su cuerpo entre los pastizales, a las afueras de la ciudad, la angustia y la bronca invadieron los corazones de una gran cantidad de mujeres: otra vez nos habían matado. Esa tarde miles de personas nos encontramos en las plazas y calles para pedir justicia por Micaela y por todas las mujeres que han muerto a causa de la violencia machista o son víctimas de ella. La convocatoria fue espontánea, necesitábamos juntarnos para compartir la indignación que recorría nuestros cuerpos violentados y gritar al unísono nuestro dolor.

En esta marcha se sintió la tristeza y el hartazgo general. Hartas de ser acosadas con “piropos” denigrantes, manos tocándonos en el colectivo como si fuéramos productos, miradas libidinosas hacia nuestros cuerpos y chistes cosificantes. Hartas de salir de nuestras casas sin saber si vamos a volver; de que nos digan “están solitas” cuando somos dos; de tener miedo de caminar de noche o de día porque a algún sano hijo del patriarcado se le ocurra seguirnos con el auto u obstruirnos el paso. Hartas del ausentismo del Estado; de los jueces machistas; de los medios que juzgan la vestimenta, qué hacía y con quién andaba; de las comisarías que no toman la denuncia por desaparición porque “quizás se fue con el novio”. Hartas de los roles culturales; de que nos trates de feminazis, de locas, de extremistas. Estamos hartas de que nos golpeen, nos violen y nos maten. Hartas de que la preocupación de la sociedad dure lo que dura la noticia, hasta que aparece otra Micaela, otra María Belén, otra María Cash y todo vuelve a empezar sin respuesta, sin justicia.

Micaela también estaba harta. Militaba en el Movimiento Evita en búsqueda de la justicia social, luchaba por la equidad y la erradicación de la violencia de género. Hoy se ha convertido en una de las tantas compañeras que, con su recuerdo, nos dará fuerzas para seguir luchando por un mundo en donde no tengamos miedo y dejen de matarnos, un mundo donde “Vivas y Libres” estemos.

Por Azul Dragone

 

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