La lupa a su lugar

Por Yanina Torruela
En el día de ayer, una noticia invadió las redes y los teles. Incluso se pudo ver el fallo a través de una transmisión en vivo: Perpetua para Nahir Galarza, quien asesino a su pareja de un tiro en la espalda el pasado Diciembre. Pero también sucedió otro fallo: el de Panadero quien fue absuelto por el feminicidio de Natalia Melman. Después de 17 años. Sin tele ni transmisión en vivo, aunque sí, gritos de justicia por las redes.
La realidad salta sobre la mesa. Nos agarra de los hombros y nos zamarrea. Los medios bombardean y eligen puntillosamente con qué y de qué modo. El amarillismo y el morbo son garantía de venta. Y también, de opacar los trasfondos, la trama fina que atraviesa lo cotidiano. Aquello que permite develar, aunque sea una partecita, la punta del ovillo, para empezar a desenredar, eso que aparece como único, como aberrante, como una cachetada, pero que es parte de un mismo ovillo, de una misma red.
Extremadamente cruento, el mismo día que le dan Perpetua a Nahir Galarza absuelven a Panadero. Mientras el primer nombre me salio sin pensarlo, el de Panadero tuve que volver a buscarlo por internet. Es que…es el maldito patriarcado!! se lee por las redes, cuando algunos abnegados “distraídos” osan poner de ejemplo, algún caso perdido de injusticia, cuando la violencia la ejerce una mujer.
Panadero es el cuarto policía que secuestró a Natalia. La golpearon, la torturaron, la violaron,  y la mataron con el cordón de sus zapatillas. Lo absolvieron. Fue hace 17 años. Nadie recuerda su nombre. Pero si el de Natalia. Como en cada caso de femicidio. Como cada caso, cada 20 hs, donde a una de nosotras, nos arrebatan la vida, y todos se espantan, pero nadie se anima a tirar de la punta del ovillo.
Nuevamente, y no mágicamente, se la pone a ella, a la mujer de la historia, en el centro de escena: como vestía, si era puta, si era buena amiga, si lo quería o no, si era fría o calculadora, si le importa la ropa de marca o su estética, si se va de vacaciones sola o con él o con otro…porque, no importa, no importa tanto si es victima o victimario, las lupas están puestas sobre nosotras.
Sobre nosotras, mujeres, que solo aparecemos de dos maneras en la historia: las malvadas, harpías, frías, calculadoras; o, las padecientes, las obedientes y sumisas, doncellas que esperamos la santificación, la salvación, el hombre que nos despierte del sueño eterno.
Nahir se nos aparece, nos la aparecen, como muestra: “vieron que las mujeres también son violentas?” “Ahí tienen, ustedes, las feministas, ahí tienen, las mujeres también matan, también controlan, también ejercen violencia”… “el patriarcado es un invento para no hacerse cargo de sus limites, mujeres tontas” …Un caso, uno solo. Como si para muestra sobrara un botón. Como si justificara el espanto pero adormeciera las ganas de transformarlo todo.
¿Como no arden ante la injusticia? Ante la injusticia de una justicia lenta para los cientos de casos de femicidios que aún, ni siquiera, tienen juicio programado. Ante la injusticia de una justicia que deja en el desamparo a miles de mujeres, como Karina y Valentina, que esperaron una justicia, que lejos de protegerlas, las puso en la lupa del descreimiento una vez más. Como siempre, como cada una de las nuestras que espera que dejes de ser indifrente, como la justicia.
A estas alturas tener que explicarlo nos genera una sensación entre mezclada de desgano, angustia y enojo. Siempre gana la imprescindible necesidad de que por fin lo entiendan, o por lo menos, tengas la duda antes de escupir frente al teclado. Buscamos una y otra vez, ensayar exposiciones, ideas, argumentos. Acomodamos los relatos de un lado hacia otro, tal vez así se entienda mejor. Pero… es tan claro! Es tan jodidamente claro! Que negarlo es complicidad y ya no es nuestra responsabilidad que no tires de la punta del ovillo.

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