La “disciplina e imaginación” con la casaca de Erdogan.

*Por José Bianchi

El Bósforo como línea de mediocampo entre los gigantes del siglo XXI asume su posición histórica y da pasos firmes hacia sendos arcos.

Han transcurrido casi dos semanas de la finalización del mundial en el cual Turquía, aunque no participó, ha dado recientemente, de la mano (o del pié) del ex jugador alemán Özil, más tela para cortar a las relaciones internacionales entre ambas potencias europeas.

Así se define el futbolista Mesut  Özil a la hora de desplegar su habilidad; “he tomado la imaginación turca y la he conjugado a la disciplina alemana”, la primera evidentemente ha preponderado al momento de reubicar su pertenencia a la ex-campeona mundialista.

Recep Tayyip Erdoğan, por su parte, aprovechando su reciente conquista en la arena política y reafirmando su mandato presidencial por otros cinco años el pasado 24 de junio,  asumió que una imagen con Özil incrementaría su aceptación aún más luego que aquél fuera reciente objeto de descalificaciones racistas.

La AKP  -Alianza Popular- concentrando casi el 53% de los votos acordó adelantar los comicios que debían celebrarse el año próximo; respecto al lustro anterior se puede destacar un incremento del 12% en la participación y una altísima concurrencia (86%) a las urnas disputada por 5 fuerzas.

El país que continúa presidiendo el ex ministro de transportes turco afronta, fruto de su ubicación geoestratégica entre ambos bloques continentales (Europa del Este y Asia), la anuencia de entrar a la OTAN en plena crisis en torno a Siria , un intento de golpe de estado de parte de un ala radicalizada de sus propias fuerzas militares (desbaratado rápidamente el año 2016), y la pertenencia tanto al G20 como miembro fundador y a la oscilante Unión Europea entre otros bloques supranacionales económicos pro occidentales.

Como mercado emergente , Turquía últimamente viene acompañando a muchos países de América Latina, según datos del influyente Instituto de Finanzas  Internacional (en inglés IIF), por el filo de la vulnerabilidad hacia la profundidad de una crisis económica con precedentes;  exacerbada aún más desde el exterior del Mercosur cuando Estados Unidos decide iniciar las hostilidades comerciales hacia China .

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