La corrida cambiaria y los anuncios del Gobierno

Primer Acto: Bicicleta Financiera. Segundo Acto: Disminución del Déficit. ¿Cómo se llama la obra?

Acerca de la corrida del dólar y los anuncios económicos del Gobierno

Por Nora Díaz

El escenario económico que vive hoy la Argentina es la repetición de dos de los momentos más trágicos de su historia: la política económica de Martínez de Hoz durante la dictadura y la culminación de la convertibilidad con la propuesta de Déficit Cero de López Murphy en el 2001. Algunos ya advertíamos que el grupo de economistas de Mauricio Macri adhería a las mismas líneas económicas de aquellos ministros y que los resultados serían similares. Para aquellos que no lo vivieron o no lo vieron, es bueno revisar este paralelismo.

1) De la Bicicleta Financiera al Carry Trade

A mediados de la década del ’70, luego que Argentina alcanzara los mejores niveles de distribución de la riqueza, se produjo el golpe de estado que llevaría a los más lúgubres años de nuestro país. El primer ministro de Economía que tuvo la dictadura fue José Alfredo Martínez de Hoz. Formado en la escuela neoliberal de Chicago, el ministro abrió las importaciones, propuso una “tablita cambiaria” donde se proyectaban los valores del dólar en una serie de microdevaluaciones y en febrero de 1977 se promulgó la Ley de Entidades Financieras, base de la expansión del sistema financiero que diera lugar a la llamada “bicicleta”. En ese momento, los capitales golondrinas venían del exterior atraídos por las altas tasas de interés que les ofrecía el mercado argentino, convertían sus dólares a pesos para colocarlos en plazos fijos, seguros del valor que tendría el dólar a la fecha de sus vencimientos (ya anunciado en la tablita), por lo que una vez cumplido el plazo se realizaba la ganancia nuevamente a dólares y el capital más intereses volaban del país. Por otra parte, las altas tasas de interés fueron decisivas en el quiebre de numerosas empresas nacionales, que terminaban vendiendo sus edificios para colocar el dinero en inversiones financieras.

Cuarenta años más tarde, el “mejor equipo de los últimos 50 años” decide practicar una política monetaria contractiva con el objetivo de bajar la inflación y financiar al Estado. La política monetaria contractiva consiste el sustraer dinero de la circulación para que al contraerse la demanda los precios disminuyan; por supuesto los efectos resultan siempre recesivos. De esta manera, se ofrecen en el mercado financiero las LEBACS, letras del banco central, con tasas de interés superiores al 30%. Nuevamente el país recibe capitales, pero la “lluvia de inversiones” es sólo financiera: se calcula que el 20% de los tenedores de LEBACS son extranjeros. La corrida cambiaria de fines de abril se debió fundamentalmente a la salida de fondos extranjeros que estaban en LEBACS, quizás en parte como respuesta a la implementación del impuesto a la renta financiera y presionando para un alza en las tasas que cubra esa diferencia. En abril el Banco Central vendió u$s 4343 millones de dólares para evitar la corrida que igualmente se fue produciendo. El agravante es la carencia de divisas, dado el déficit de la balanza comercial y que desde noviembre de 2017 se eliminó la obligación de los exportadores de liquidar las divisas ingresadas por sus exportaciones en el mercado interno. Los desfasajes se cubren con más deuda externa; sí, también como en la dictadura. Ahora la prensa local se refiere al fenómeno financiero con la expresión en inglés “carry trade”, debe ser para presentarla como algo diferente a la bicicleta de los ´70, pero no lo es.

Las medidas del equipo económico para frenar la estampida fueron limitar la porción del patrimonio propio que las entidades financieras podrán mantener en dólares al 10%, obligándolos a ofrecer el resto en el mercado y el alza de la tasa de referencia al 40% (con una suba de casi 7 puntos), buscando volcar la liquidez hacia inversiones financieras más que a la compra de dólares.

Veremos los resultados cuando el 15 de mayo venzan LEBACS por u$s 975 millones de dólares.

2) Del déficit cero a la Reducción de la meta de Déficit.

En el año 2001, la Argentina atada al régimen de convertibilidad estaba desahuciada: los organismos internacionales asumieron que era demasiado riesgoso seguir otorgándole préstamos y el encorsetamiento del tipo de cambio impedía un ingreso genuino de divisas (por exportaciones) de manera significativa. El ministro de economía de la Alianza gobernante en ese entonces, Ricardo López Murphy, planteó un riguroso plan de ajuste: Argentina no podría realizar gasto público más allá de sus ingresos, plan que denominó “Déficit Cero”. El plan contemplaba recortar fondos que se enviaban a las provincias para docentes y el presupuesto universitario, se anunciaron quitas de subsidios para el gas y las tarifas patagónicas, cobro de impuesto a las ganancias para cooperativas y fundaciones y reducción de 40.00 puestos de trabajo en el sector público y terminó recortando salarios un 13% nominal al empleo público. Este plan sumió al país en una espiral recesiva, ya que a la par del recorte del gasto disminuía la actividad económica, lo cual provocaba menores ingresos impositivos para las arcas públicas y entonces se volvía a ajustar y así sucesivamente. Todos recordamos en que terminó.

En el escenario 2018, el Ministro Dujovne anunció una reducción en la meta de déficit fiscal: en el presupuesto se había planteado un déficit de 3,2% del PIB, fijándose ahora una reducción de la misma al 2,7% del PIB, a través de recorte de gastos, especialmente en la obra pública donde se prevé un ahorro de de u$s 3.200 millones de dólares. La obra pública, además de empleos directos, genera producción y fuentes de trabajo en sectores relacionados a la construcción, trabajos de la base de la pirámide socioeconómica. Sin lugar a dudas esta medida tendrá el mismo resultado de entonces, volviendo a sumergirnos en la espiral recesiva.

Entonces, ¿cómo se llama la obra?

No alcanzamos a tomar conocimiento de la “lluvia de inversiones” que las mismas ya están yéndose. Las principales publicaciones internacionales no convierte a la Argentina en un país atractivo para ingresar fondos, ya que advierten “Puede que sea momento de salir de Argentina (Forbes), “Argentina vuelve a subir las tasas de interés a medida que se desploma el peso” (Financial Times), “Jueves negro para el peso argentino que pierde casi el 9% de su valor” (diario El País).

Para completar el panorama, otra de las definiciones provino del Ministro de Fiananzas, Luis Caputo, quien anunció que “Este año no vamos a salir a tomar deuda al mercado ni de dólares ni de euros”. La pregunta que entonces si el BCRA estará en condiciones de frenar una nueva corrida.

En definitiva, el incremento de la tasa de interés, sumado al de las tarifas sigue profundizando el deterioro en la situación de la industria. La apertura de importaciones, sumado a la no obligación de liquidar dólares de exportaciones, sumado al no ingreso de divisas por deuda, complicará las reservas del BCRA. Sumas que restan. El desempleo aumentará y la recesión provocará la disminución de la recaudación impositiva, ya reducida desde el principio de la gestión de Cambiemos por la quita de retenciones a las exportaciones y los impuestos a las mineras.

El título de la obra, te dejo que lo pongas vos.

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