La cadena de valor en la Argentina y la Campaña de Precios Cuidados

Por Nora Díaz
Licenciada en Economía. Profesora e Investigadora Universidad Nacional del Comahue

El modelo económico actual, que aspira a un crecimiento con inclusión, es decir, con una distribución más equitativa de la riqueza, ha tenido que ir enfrentando cada una de las bases del neoliberalismo instaurado en los ’90. En primer lugar, recuperar el rol del Estado en la economía, protegiendo la industria nacional, desarrollando la ciencia y la técnica, tratando de que el sector financiero esté al servicio del crecimiento y no sólo de la mera especulación, entre otras medidas. Llegó el turno de analizar la estructura de precios y el rol de las grandes cadenas de supermercados.
Aquellos que podemos recordar el proceso económico menemista, sabemos del alboroto que produjo la llegada al país primero, y a la región después, de las grandes cadenas de supermercados. En primera instancia, los supermercados barrieron con los pequeños comerciantes locales, tanto como las grandes multinacionales destruyeron a la industria nacional. Se suponía que la ventaja sería para los consumidores, ya que prometían precios bajos, con los cuales el comerciante de barrio no podía competir. Ahora que las grandes cadenas ocupan posiciones dominantes, nos damos cuenta lo caro que lo estamos pagando. Ellos se quedan con la mayor parte del valor de los productos, aumentan los precios más que sus costos, y al manejar el poder adquisitivo de la población pueden crear un gran clima de malestar, lo cual aumenta su cuota de poder.
Por citar sólo algunos ejemplos, el margen de ganancia de los “super” sobre el sachet de leche promedia el 54%, sobre el puré de tomate el 45%, la yerba el 88% y sobre la carne, que compran directamente en Liniers, más del 100%.
Ante este panorama, la campaña establecida por el gobierno tiene como objetivo que cada uno de nosotros sea partícipe y protagonista del destino común, cuidando que se cumplan los acuerdos de precios para mantener las conquistas salariales en valores reales, es decir, que el incremento de nuestros ingresos no se diluya en las góndolas de los supermercados. Busquemos los carteles que indican los productos que forman parte del acuerdo, cuidemos que estén en disponibles. Probablemente no es la solución definitiva al problema, pero es un comienzo.
Y en este proceso de concientización, sería bueno que revaloricemos al almacén de nuestro barrio, la verdulería y la carnicería. El recorrido lleva más tiempo, pero vale la pena. La riqueza quedará entre nosotros.

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