La avanzada judicial contra Lula y el desafío del campo popular

El 24 de enero pasado los tres jueces de la Sala 8 del Tribunal Regional Federal 4 de Porto Alegre ampliaron a 12 años y un mes la pena de prisión contra Luiz Inacio “Lula” Da Silva que había dictado en primera instancia el juez Sergio Moro. Si bien el líder del PT no irá a la cárcel, y aún le quedan instancias de apelación, no es menos cierto que el camino para su candidatura para las elecciones presidenciales de octubre está cada vez más cerrado.

Lula es el favorito y la elite golpista lo sabe. Si entendemos que la legalidad es por sí misma una cuestión de poder, la proscripción al líder de las mayorías es el objetivo último del brazo judicial del poder real. Es esta estrategia la que hoy se conoce con el término anglosajón de Law Fare.

La condena se inscribe en la ofensiva neoliberal desatada en todo el continente contra los gobiernos populares. Y es que desde la asunción de Lula un 1º de enero del 2003, en un contexto de democracia clásica, Brasil como nunca en su historia vivió un proceso de integración social, política, económica y cultural de las mayorías.

Es por esto por lo que podemos afirmar que la avanzada judicial contra Lula es por todo aquello que se hizo bien. Por más que lo pinten al bochornoso proceso judicial como una dosis de la tan mentada anticorrupción y la buena moral republicana, sabemos que nunca les intereso eso. Ellos lo saben bien, porque son los principales actores de ese mundo de intereses. Ya lo dijo Lula: “Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre, generaría tanto odio en una elite que tira toneladas de comida todos los días.” Si, este es el punto. No demos más vueltas: Es venganza de clase, y punto.

Cabe preguntarse ahora: ¿Cuál es el futuro y cuál debe ser el objetivo fundamental de todos aquellos sectores que integran el campo popular en este contexto?

Sin perder de vista aquellos errores y contradicciones en las que en los últimos años la fuerza gobernante del PT ha incurrido, debemos saber bien que nuestro enfoque debe ser más amplio, y de un total e incondicional apoyo a los gobiernos populares o de “izquierda real” que han surcado este último tiempo el continente.

Vuelven viejos tiempos. Avanza así, el nuevo Plan Cóndor de las derechas regionales orquestado desde las entrañas más íntimas de los sectores concentrados de la economía con sus grandes medios de comunicación y el innegable apoyo del imperialismo infinito.

La historia es avances y retrocesos permanentes, por eso es hora de repensarnos, unirnos bajo objetivos comunes y conformar una fuerza capaz de confrontar y presentarse como alternativa real a las restauraciones conservadoras-neoliberales que viven hoy nuestro continente entero. Todo aquel que aporte a la división de este gran frente no estará jamás del lado del pueblo, sino todo lo contrario. Es hora de tener éxito. Estamos todos derrotados, pero ese dolor es el que se debe transformar en la energía necesaria para cambiar todo aquello que deba ser cambiado, con el pueblo delante. Eso es revolución.

El resto, es poesía. Ellos lo saben bien, sin masas no hay líder, y sin líder no hay masas. Por eso, Lula es indispensable.

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