La Argentina y la Esperanza

Por Carlos Ceballos

El prolongado encuentro mantenido por dos argentinos en el Vaticano -uno Vicario de Cristo y otra Jefa del Movimiento Nacional- tiene la envergadura de aquellos fenómenos que por su trascendencia pueden independizarse de las futuras conductas de sus protagonistas. En sí mismo son suficientes.

Francisco, un Papa reconocido por su capacidad e inteligencia política, y Cristina, una Presidenta que confiesa su fe cada vez con mayor fervor, estrecharon sus manos en uno de los principales escenarios de la vida contemporánea y abrieron una puerta que da a un camino desconocido, inquietante y esperanzador.

La televisión alcanzó a tomar algunas palabras de Cristina al llegar: «usted recuerda que dijimos que nos íbamos a encontrar, mire donde fue». Expresión que encierra cierta sorpresa y asombro, tal vez a causa del cumplimiento de una promesa mutua, o de la percepción del poder de la Providencia en ese hecho inesperado e insólito, que fue el inicio de una emoción no disimulada y que se prolongó durante las dos jornadas en que tuvieron contacto. Todo en coincidencia con la respuesta de millones de argentinos que movilizados interior y/o exteriormente acompañaron aquella conmoción presidencial con la propia, otorgando la legitimidad popular que completa todo acto mayor realizado en las cúpulas.

El cimbronazo ocupó todo el horizonte y en su desarrollo puso en su lugar la influencia de los medios informativos que en su mayoría intentaron separar a los dos protagonistas viendo guerra donde había paz: unos argumentando hipócritas cambios sobre la marcha en los actos de Cristina; otros removiendo un pasado conflictivo que llevó a algunos intelectuales -supuestamente oficialistas- a decir que todo era para mal, para detener el avance de la integración continental, para destruirnos; del mismo modo que aquel endemoniado hombre del Evangelio que ante la presencia de Cristo, temblando gritó:«¿Has venido para acabar con nosotros?».(Mc. 1,24)

El fenómeno puso a la vista, además, una contradicción que se reitera en las manifestaciones del Movimiento Nacional a lo largo de la historia: la que se establece entre su base popular y fracciones de sus activistas y cuadros. Muchos de estos quedaron desubicados hasta el ridículo en sus análisis de una organización de más de dos mil años como si se tratara de un partido político o un sindicato. Es imposible no detenerse en la permanencia de esta comunidad religiosa que ha superado todas las circunstancias que el mundo le ha presentado; y al hacerlo no percibir o al menos vislumbrar una Fuerza Superior, aquella que los cristianos llamamos Dios.

Mas no sólo por esta Presencia, sino como todo fenómeno que contiene una gran participación popular, para la comprensión de la Iglesia Católica, situarse en su interior es casi indispensable. Pretender prescindir de Jesús en su constitución y conservación llevó siempre por caminos erróneos y también fue así esta vez: «Sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.» (Mt.16,18).

Quizá predice esta situación conflictiva, que tuvo una buena cantidad de matices, nuevas contradicciones en la configuración del Movimiento Nacional, no necesariamente en el sentido de las fracturas, sino de su posicionamiento interior, cuestión vital para el desarrollo de la organización de su fuerza.
Aún así quedará en este sentido mucho por realizar, sólo se ha abierto una puerta. Y se hará con el esfuerzo y sacrificio que encierra la frase que Francisco pronunció ante sus cardenales: «No se puede predicar a Cristo sin la cruz».

Llevará, esta verdad, a limar la soberbia de los intelectuales; estrechar más la relación con el pueblo de parte de los activistas; modificar muchas conductas de los “dirigentes” y funcionarios; y finalmente a todos nos comprometerá en la formación de una nueva generación de cuadros militantes que, inspirados en el pueblo, descubran y realicen el destino de nuestra «nueva y gloriosa Nación», creyendo firmemente aquello que en el año 2007 Benedicto XVI le dijo a Daniel Scioli: «La Argentina es la esperanza del futuro»

2 comments

  1. Bueno, bueno. Toda una declaración de principios. Supongo que al hablar de “intelectuales” también se refiere a los oficialistas kirchneristas, como los de Página 12, Horacio Gonzalez, etc. La verdad que en algo tenés razón: entre Cristina y Bergoglio, entre el Estado y la Iglesia, hay paz. Lamentablemente. Esto quiere decir que lxs más oprimidxs: mujeres y comunidad LGTBI, no podrán conseguir sus derechos mientras dure esa alianza, a menos que luchemos independientemente del gobierno, en las calles para conquistar nuestras demandas. Y así lo haremos, lucharemos por el aborto legal, seguro y gratuito y por la separación de la Iglesia del Estado. Que los curas se vayan a laburar! basta de subsidios a la Iglesia!

  2. claramente es una declaracion de principios del autor!!!

    Yo igualmente no creo que los “oprimidos” se vean directamente perjudicados en el sentido que vos lo planteas. Por dos cuestiones: la primera es que de existir la alianza, es previa a la asuncion de Bergoglio, con lo cual, a decir verdad, no da cuenta de haberse modificado las politicas de inclusion del gobierno nacional, que ha avanzado en la incorporacion y ampliacion de derechos de los sectores LGTB, asi lo demuestran dos de los articulos publicados recientemente en este periodico on line.
    Si creo que hay que seguir luchando por la separacion de la iglesia y el estado. Así lo hicimos cuando se empezo a debatir la reforma del codigo civil y comercial, en la audiencias publicas que tuvieron sede en la universidad nacional del comahue, donde junto con la Mesa Nacional por la Igualdad se exigio, con propuestas, la separacion inmediata del estado y la iglesia, porque entendemos lo mismo que vos planteas, mientras esa separacion no exista, mientras de nuestra consitutcion no se elimine la religion oficial, muchas de las excelentes medidas llevadas a cabo por el gobierno nacional quedan truncas por las viejas estructuras aun enquistadas en sectores de poder. Sera cuestion de tiempo, lucha y constancia!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *