“Houston, tenemos un problema”

Por Gimena Gonzáles Eastoe

Ahora que pasó la tormenta es necesario repensar, más allá de la lluvia, el viento y todo factor climático, qué fue lo que nos pasó a los habitantes de este rico Neuquén. Y digo rico Neuquén, porque aunque algunos medios quisieron mostrar que el temporal había afectado a todos por igual, lo cierto es que, a poco más de una semana de aquella tormenta, los sectores más perjudicados, siguen siendo los históricamente abandonados.

En este rico Neuquén, miles de familias viven en condiciones precarias no porque así lo hayan elegido, sino porque gracias a la miopía de nuestros gobernantes, la provincia fue creciendo paralelamente entre viejos comerciantes, trabajadores de buena posición económica, y nuevos ricos que ganan fortunas del petróleo; y por otro andarivel, el empleado público, clase media laburante, de los cuales algunos pudieron acceder a los planes de vivienda, y otros tantos fueron tomando terrenos y “regularizando” su situación, en la medida en que el gobierno nos mal-acostumbro a que así debe ser.
En un Neuquén rico, en el que los alquileres están pensados para el trabajador formal que cobra arriba de diez mil pesos, y el acceso a la tierra es prácticamente imposible; mientras que por otro lado, crece la especulación inmobiliaria a costa de los trabajadores que se endeudan hasta la médula para acceder a un techo que los dignifique.

Debe saber el vecino de a pie, que esta tormenta no fue una catástrofe natural. No, no fue la naturaleza, fue la avaricia inmobiliaria de quienes gobiernan y permitieron que Neuquén crezca a base de asentamiento precarios.

La avaricia que durante años disfrazó millones de pesos en asfalto pero que aun no garantiza las cloacas para todos, ni desagües, ni limpia los canales, ni, ni, ni. Es cierto que no tuvimos que sufrir la pérdida de vidas humanas, razón por la cual la crónica amarilla de los medios nacionales pocas veces levantó el desastre que nos había ocurrido. Pero lo que también es cierto es que, nuestro gobernador se borró al mejor estilo Macri. Tal vez podamos exigirle que las inversiones que fue a buscar a Houston sirvan para poner gas natural a las familias que en los barrios aun se calienta con salambras o garrafas, poniendo en riesgo sus vidas. O extender la instalación cloacal a toda la capital neuquina, o bien, exigirle un plan de obras públicas que garanticen el acceso escuelas y hospitales en condiciones. Porque si hay algo que desnudó la tormenta, fue que ni siquiera los “centros de evacuados” estaban en condiciones de recibir las cientos de familias que debieron abandonar sus hogares para refugiarse. No sólo porque muchos de ellos terminaron aislados, por la acumulación de agua en los alrededores, tampoco porque muchos de ellos se hayan llovido los días posteriores, sino porque en palabras de la mismísima vicegobernadora, las escuelas fueron abiertas sin poder garantizar colchones y frazadas para todos. Ni que hablar de la comida.

La solidaridad del pueblo de Neuquén ha sido enorme, es un lazo profundo que va más allá de los colores políticos, que muestra un tejido social natural que hace que una vez nos demos cuenta que “nadie se salva solo”. Pero no podemos quedarnos sin discutir los roles que deben cumplir los diferentes niveles de organización gubernamental. Esta tormenta no es la primera, bien sabemos que cada vez que llueve en Neuquén, las calles del centro se inundan y las de los barrios se agrietan; que con una lluvia de las que estamos acostumbrados, en Neuquén colapsan los servicios públicos. Por eso no es cuestión de quedarnos de brazos cruzados con las buenas noticias del diario del lunes, porque lo cierto es que en este rico Neuquén hacen falta políticas de planificación sin especulaciones.

Es prioritario resolver la cuestión habitacional de cientos de familias que no sólo cuando llueve sino cuando el viento azota nuestras ciudades, pierden sus chapas. No, no queremos que por un decreto de emergencia bajen millones de pesos para volver a como estábamos, queremos que este sea un punto de inflexión para pensar la ciudad que como trabajadores nos merecemos.

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