“Hay que desbaratar el semillero, no solamente cortar los yuyos”

Los femicidios en la Argentina son cada vez más frecuentes y brutales. La sociedad se indigna, sale a la calle, automatiza el reclamo y progresivamente va naturalizando la idea de que cada foto de una mujer buscada finalizará con el desenlace fatal: el hallazgo de un cuerpo. Y no cualquier cuerpo, sino un cuerpo de mujer.

El caso de Micaela es uno más, de los que cada 18hs suceden en nuestro país. Sólo que Micaela tuvo mayor repercusión. La misma semana otras dos jóvenes habían sido desaparecidas, violadas y asesinadas. Esta situación despertó en la sociedad, y fue alimentado por los medios de comunicación, un enojo visceral que rápidamente confluyó en un pedido de “mano dura”, “más cárcel” y menos “garantismos”. Así como en el mundial somos todos DT, en situaciones como éstas todos somos abogados, fiscales y jueces.

Rita Segato expuso en el Plenario de Comisiones que trabaja el proyecto para limitar las excarcelaciones. Rita se define como feminista anticarcelaria y nos propone en 10 minutos pensar la problemática que subyace en estos crímenes.

“El violador es un síntoma de un mal que es social y que nos atraviesa a todos” Y esto qué significa? Segato explica que el violador es parte de esta sociedad y que quienes convivimos en ella debemos partir por comprender que esto es así, que somos nosotros y nosotras los que engendramos sujetos violentos. Que la violación como delito es apenas la punta de un iceberg que por debajo lleva un sinnúmero de agresiones sexuales que no pueden ser transformadas en crímenes porque constituyen el mundo y la forma en la que vivimos.

En este sentido, sostiene que se ha avanzado mucho en legislación en los últimos años y que sin embargo, la violencia contra las mujeres no cesa. Y debemos pensar por qué. Se hacen leyes, se tipifican crímenes pero realmente no se comprende que éstos son producto de la sociedad. Entonces siempre llegamos tarde, la justicia va penando los crímenes pero no hacemos lo suficiente para frenarlos. La lucha por la erradicación de la violencia machista requiere de la asignación de recursos para evitar que la sociedad siga reproduciendo sujetos violentos.

Rita Segato, que es anticarcelaria, argumenta que no es posible hacer justicia desde el odio y el dolor, sino que se debe pensar. La cárcel como institución es una escuela de violación. Bien es sabido que dentro de la cárcel se viola al violador como forma de castigo. Pero adentro de la cárcel las relaciones de dominación también se establecen a partir del sometimiento sexual. Por eso, en tanto la justicia y sus miembros no comprendan, analicen y asimilen que la violencia de género es un síntoma que atraviesa a toda la sociedad, ninguna condena será útil a los fines de erradicar la violencia.

Es importante que comencemos a darnos la posibilidad de pensar qué hacemos de manera cotidiana para evitar que más mujeres sigan siendo sometidas y asesinadas. Es imprescindible comprender que el crimen sexual es un “modus operandi” y no un móvil en sí mismo. La violación es un instrumento que busca aleccionar, moralizar a través del sometimiento sexual.

Por eso “desbaratar el semillero” significa empezar a vislumbrar todas aquellas cuestiones que tenemos naturalizadas y que fecundan la violencia machista. La música y los programas de televisión que cosifican a la mujer; las relaciones de desigualdad en el trabajo, en la escuela o en la militancia; la propaganda sexista, la justicia machista, el chiste misógino son todos instrumentos que a diario facilitan la emergencia de sujetos violentos y que sufrimos cada vez que nos colgamos el cartel de alguna MICAELA.

Por Gimena Gonzalez Eastoe

 

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