¿Futbol para todos?

Por Diego Salas

Desde hace ya cuatro años en todo el país disfrutamos gratuitamente de una de las expresiones culturales más nuestras: el futbol de primera división. Ya sea que viva en La Quiaca o en Ushuaia, el argentino ahora tiene la posibilidad de disfrutar de un Boca- River desde la comodidad de su sillón sin tener que pagar por ello y se siente feliz e integrado. ¿Pero es este sentimiento de federalización del futbol una realidad o una mera ilusión?

Si bien a lo largo y ancho de la república se puede disfrutar sin cargo del pasatiempo nacional, el futbol es cada vez más y más desigual para las provincias. Absolutamente todo, desde distribución de ingresos hasta formatos de competencia, esta dado para que Buenos Aires siga siendo prácticamente el único representante del futbol argentino.

Un claro ejemplo de esta problemática es la inequidad que existe entre el Torneo Argentino A y la B Metropolitana, dos divisiones teóricamente equivalentes. La “B metro” está compuesta por 21 equipos bonaerenses, mientras que el Argentino A esta compuesto por 24 equipos de todo el país. Esto quiere decir que en el TAA los clubes deben realizar más viajes y recorrer muchísimos más kilómetros que en la metropolitana. Lo indignante de este problema es que los equipos bonaerenses reciben cinco veces más dinero de AFA que los equipos del interior.

Cuanto más baja la categoría, mayor es la desigualdad. El Torneo Argentino B está compuesto por 136 equipos (tres neuquinos: Independiente de Neuquén, Petrolero Argentino de Plaza Huincul y Alianza de Cutral Co) de todo el país que disputan tres ascensos al Torneo Argentino A en un formato interminable de 5 etapas entre fase regular y partidos de eliminación directa. Las distancias son mayores y los presupuestos aun más cortos que en el TAA. Del otro lado se encuentra el equivalente bonaerense: la primera C. Esta división se compone de tan solo 20 equipos que compiten por dos ascensos siendo 300 km la distancia más larga que deben recorrer. Un kilometraje irrisorio comparado con los 2035km que debía recorrer el equipo de la ciudad, Independiente de Neuquén, para disputar un partido de fase regular contra Boca de Rio Gallegos en la edición 2010/11.

El colmo de la desigualdad es el Torneo del Interior (también conocido como “Torneo Argentino C”). Esta competencia, junto con el TAB, es conocida por las gravísimas consecuencias que ha traído a los clubes que participan en ella. Al ser los presupuestos tan ajustados y los viajes tan largos, se ha convertido en un torneo “funde clubes”. En su última edición, la competición conto con 344 equipos de toda la república que disputaron disputaron 21 ascensos. No hace mucho, Independiente de Neuquén participó en esta competencia pero en dicha ocasión (2012) la pelea fue entre 325 clubes por 3 lugares en el TAB y 3 promociones. Al final de una excelente campaña, que hasta incluyó un viaje épico a Rio Grande para enfrentar a Real Madrid de Tierra del Fuego, el Rojo logró el ascenso al Torneo Argentino B en Justiniano Posse (Córdoba) y festejó este hecho único e histórico en la historia del deporte neuquino a 1240 km de casa. Las diferencias entre esta competición y su par de Buenos Aires son aun más exageradas: 18 equipos en la primera D disputando dos ascensos.

Ya habiendo repasado las divisiones de ascenso es necesario posar la vista sobre otra gran mentira de la AFA: la Copa Argentina. En esta competencia, la Grondona y compañía juegan con la ilusión de los hinchas de clubes más chicos que sueñan enfrentar a algún equipo de primera división. Hay equipos que deben superar 8 etapas a partido único para tener la posibilidad de cruzarse con algún equipo grande. Lo peor es que, a diferencia de la edición anterior, los equipos empiezan a recibir dinero a partir de la quinta ronda. Esto quiere decir que deben solventar los gastos y viajes de cuatro rondas antes de empezar a cobrar. La imposibilidad de hacer frente a los costosos viajes ha hecho que algunos equipos (caso Belgrano de Esquel) se rehúsen a participar de esta copa. Otro factor que marca desigualdad es la elección de las sedes para los partidos. Antes de otorgar una mínima ventaja a los equipos de divisiones inferiores o del interior y dejarlos jugar en su campo, la AFA insiste en que los partidos se jueguen en “terreno neutral”. Esta medida que alega igualdad nos enfrenta a absurdidades como la de ver un Velez – Racing de Trelew en Salta. Un equipo de elite y uno de los clubes mejor posicionados económicamente del país enfrentando a un equipo de Argentino B que tiene que recorrer 2448 km para jugar un partido en el que, como finalmente sucedió, tiene todas las de perder.

Como lo he dicho antes, todo está diseñado para el continuo enriquecimiento del futbol porteño y el deterioro del futbol regional. Esta centralización en la capital argentina no solo roba a los equipos del interior recursos económicos e hinchas. “Dios está en Buenos Aires” dice un dicho que se cumple al ver a los jóvenes talentos provincianos partir hacia la gran ciudad desde muy pequeños, empobreciendo el espectáculo de nuestro futbol.

Es realmente triste que todo esto no nos provoque nada. Que solo sonriamos, nos pongamos la camiseta de un club porteño y nos sentemos a mirar los partidos por televisión, fingiendo que esos colores nos representan aunque en La Boca, en Núñez o cualquier otro rincón de la capital ni siquiera sepan que tu ciudad existe.

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