FILOSOFíA CON CALLE

Por: Gimena Gonzalez-Eastoe

Cesar González, o Camilo Blajaquis (su nombre artístico), recibió a Mano a Mano Noticias en la presentación de su película “¿Qué puede un cuerpo?” en el Centro Cultural Conrado Villegas de la Ciudad de Neuquén. Nacido en una familia muy humilde del Conurbano Bonaerense, Cesar es hoy escritor, cineasta y filósofo.
¿Por qué el seudónimo “Camilo Blajaquis”?
Yo conozco a través del libro “Quién mato a Rosendo” de Rodolfo Walsh, la historia de Domingo Blajaquis, quien era obrero fabril. Era una persona hermosa que llevaba textos filosóficos a sus compañeros de trabajo. Blajaquis representa para mí la militancia, el compromiso, la filosofía, y es un ejemplo de vida. La obra de Rodolfo Walsh fue la que me motivó a elegir el camino del arte, por eso elegí ese seudónimo literario. Y “Camilo” por Camilo Cienfuegos, una de las personas más importantes de la revolución cubana. Fue darle nombre a esta nueva persona que estaba naciendo dentro de mí, mientras descubría el mundo de la literatura y la filosofía.
Vos decías en la conferencia de prensa “ningún pibe nace chorro”. Nosotros le agregaríamos “ningún rati nace ortiva” ¿A qué hacemos referencia con estas frases?
Nosotros terminamos demonizando a la policía. Yo no creo en la teoría de los dos demonios aplicada a la actualidad. Yo no demonizo al pibe chorro ni al policía. El policía no es un robot, ni un mono, es un ser humano. Ahora si no es el policía el culpable, analicemos la institución. Cómo nace, qué función tiene en las sociedades modernas. No es que la policía argentina es distinta a la de Francia, Nicaragua o Canadá. Es igual. Cumple las misma funciones de contener a los excluidos. En todos los países son siempre los sectores mas populares, los hostigados, los maltratados, los asesinados. En Europa serán los inmigrantes, en Estados Unidos serán los negros. Pero es algo que es parte de nuestra historia moderna. También valdría la pena preguntarnos si nos animaríamos a vivir sin policía. Seguramente no. Hay que sacarse la careta: en un callejón oscuro, de noche, todos deseamos que haya un policía. Seamos sinceros. Y después, porque queda “progre” hablar mal de la policía lo condenamos. No, hagámonos cargo, que es un problema complejo que requiere de acciones desde el estado y desde las personas. La situación no va a cambiar si cada uno no empuja desde su lugar para combatir la violencia, haciendo mas acciones que enunciados para construir militancia, compromiso y proyectos colectivos.
Hoy están presentando el programa contra la violencia institucional que busca visibilizar la problemática.
¿Cómo transmitimos al vecino que todos somos responsables de la reproducción de la violencia y cómo rompemos con la estigmatización del joven pobre?
Primero tiene que haber una decisión política del Estado, que estos años la hubo, y es para celebrar. Pero ya no alcanza con la decisión del Estado. Tiene que haber un cambio cultural. Por ejemplo recordemos lo que pasó en el 2008 con el aumento de un 3 % de las retenciones. Una minoría privilegiada pudo parar el país y encolumnar a una gran parte de nuestro pueblo detrás del “campo”. Vivimos en una cultura donde siempre hay un chivo expiatorio que desvía la atención. En los setenta era el marxista, el comunista, el peronista. Hoy es el pibe chorro, el villero. Es para desviar la atención del ciudadano. Para que el ciudadano de todas las clases sociales no comprendan que vivimos en lugares que no nos gustan, sin posibilidades de ser felices. La gente no se enoja con los banqueros o los empresarios, con los que realmente manejan este mundo y toman las decisiones que condicionan la vida de las mayorías. Porque la atención está puesta en otro lugar. De otra manera se descubriría un campo de injusticia de dimensiones abrumadoramente mayores que la que puede cometer un pibe chorro. No podría existir el robo de un pibe que vive en la marginación si no existiera el robo de un banquero, el robo de un empresario, el robo de un político. Esas son las verdaderas causas de la exclusión y la violencia.
¿Cuál es tu visión del proceso político de estos últimos 12 años?
Hay cientos de medidas en las que estoy completamente de acuerdo y quiero que el piso sea esto. No voy a desconocer que el peronismo es lo mas revolucionario que hubo en la Argentina. Este gobierno levanta las banderas del primer peronismo y ha profundizado en muchas cosas lo que el peronismo no se había animado. El problema es que necesitamos una nueva raza de políticos, sangre nueva. Hay mucho panqueque en la política actual. La sangre joven nos va a traer una nueva sensibilidad. Un nuevo amor por el prójimo, no tan discursivo. La juventud es eso, la sangre hirviendo que se revela ante las injusticias, que no se conforman con el mundo. Necesitamos eso. Una renovación. El “que se vayan todos” del 2001 nunca sucedió. O sucedió muy poco. Tampoco soy tan ingenuo de pedir revolución o igualdad total a un estado de bienestar, porque no es la expresión del peronismo. Pero es muy importante que sea así. Que esto sea el piso. De acá en adelante, hay que profundizar.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *