Femicidio, con todas las letras

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Esta semana se dio un paso fundamental en materia judicial. Roberto Valdez fue encontrado culpable del femicidio de Noemí Maliqueo. El Jurado Popular lo declaró, por unanimidad, culpable de asesinato triplemente agravado, sentando el precedente de femicidio en la provincia de Neuquén.

Noemí tenía 21 años y fue asesinada, por el que entonces era su pareja con un tiro en la nuca. Aunque la defensa sostuvo que se trató de un “accidente”, sus argumentos no alcanzaron para justificar lo que de verdad había sucedido: le disparó, tuvo tiempo de limpiar la casa, de avisar a su ex pareja para que trasladasen a Noemí al Hospital y escapar, abandonando a la piba a su suerte.

Durante el juicio, la querella demostró de manera fehaciente que había existido intensión de asesinarla; pero, además, pudieron probar que Noemí había sufrido durante dos años violencia de género.

El asesinato a sangre fría de Noemí fue el quinto femicidio registrado en la provincia por aquellos días de septiembre del 2015. Pero, ¿por qué es tan importante? El término femicidio nos permite dar cuenta de la violencia machista a la que miles de mujeres nos vemos sometidas. La muerte es el último escalón de un calvario que hemos naturalizado, donde las mujeres aceptamos ser agraviadas por nuestra condición de mujer. Cuando un hombre mata a una mujer, como en el caso de Noemí, el femicidio comprueba la denuncia pública y política: el hombre mata porque considera que la mujer es su propiedad. Es algo que le pertenece y que por lo tanto puede marcar, golpear, esconder, humillar, cortar, quemar, matar.

La violencia sexista se lleva cada 30 horas una mujer en nuestro país. Hacer visible y sentar un precedente en la justicia nos permite empezar a tener garantías sobre nuestras propias vidas y desandar el camino que permitió que nuestra sociedad lo naturalice. Cuando el Estado está ausente para prevenir situaciones de violencia, cuando la justicia sexista hace la vista gorda, cuando en los medios de comunicación masiva se estereotipa y manipula la condición de mujer, el camino para los femicidas es más sencillo. Y con cada mujer que muere y donde la justicia no llega ni para consuelo de los familiares, se asienta más la idea de dominación del hombre sobre la mujer, porque en definitiva este es el objetivo que persiguen quienes nos someten.

La lucha de #NiUnaMenos continúa vigente y es agenda pública ya que todos y todas cargamos con algo de responsabilidad. Preguntarte qué hiciste hoy para desandar este camino, es una forma de empezar a liberarnos.

 

 

Gimena González Eastoe

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