Estados Unidos y el nuevo Frente Oriental

Un nuevo frente parece estar abriéndose en este galimatías geopolítico, que tiene a Rusia por un lado y a los Estados Unidos del otro. Si las tensiones entre ambas naciones van en aumento por el conflicto en Siria, y los dispares intereses que cada una persigue, esta semana se sumó otro potencial campo de batalla dado que hubo un recrudecimiento de acciones y declaraciones entre la Corea del Norte de Kim Jong-un y los Estados Unidos de Donald Trump. Dos personalidades que parecen tener algo en común: su imprevisibilidad.

En los últimos días Estados Unidos mandó al Mar de la China un portaviones escoltado de buques de guerra para realizar ejercicios conjuntos con Corea del Sur, su vecino capitalista inconciliable. Ante esta situación, el régimen monárquico comunista (único en el mundo) no para de amenazar con una contestación de carácter letal mientras sigue probando misiles balísticos a pesar de que dicha actividad le ha sido prohibida por las Naciones Unidas. Ante esta situación, la Casa Blanca advirtió que si se siguen violando los acuerdos internacionales, a tal punto de convertirse en una amenaza real para sus vecinos pro-Estados Unidos, como lo son Corea del Sur y Japón, habrá una clara respuesta.

Todo este cruce de declaraciones y exhibicionismo armamentístico son, como se dice, “para mostrar músculo” ante cualquier acontecimiento bélico. De hecho el lanzamiento por parte de los Estados Unidos de la bomba convencional más potente jamás fabricada en un escenario de conflicto real denominada la “Madre de todas las bombas” (en contraposición al superproyectil ruso el “Padre de todas las bombas”), en Afganistán cerca de la frontera con Pakistán y que buscaba destruir túneles e infraestructura del Estado Islámico, no solo se puede leer como una advertencia a potenciales enemigos sino que también puede significar la apertura de un posible nuevo escenario de guerra de tipo no-nuclear en un momento de crisis entre el país del norte con un reestructurado poder militar ruso y el poder económico chino.

Por su parte, y a pesar de las advertencias estadounidenses el líder norcoreano sigue una línea similar de provocación a través de desfiles militares para mostrar su potencial armamentístico (y, supuestamente, nuclear) con una retorica bien amenazante.

Ahora bien, lo que resulta curioso de este panorama son las declaraciones del propio gobierno norteamericano que deslizó que estaba trabajando con sus socios y China para frenar las ambiciones nucleares de Kim Jong-un. Si, es que Corea del Norte depende económicamente de su relación con el Gigante Asiático y si se activan una serie de sanciones económicas conjuntas la viabilidad del régimen tiene fecha de vencimiento o al menos eso parece.

Si tomamos esto último podemos decir que las cartas que barajan las potencias se están jugando con mucho cuidado, aunque no parezca.

 

Por Valentín Steimbreger

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