Estados Unidos: hacia un nuevo orden mundial y ambiental

“Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros están terminados. Lo he experimentado en los últimos días (…) Los europeos tenemos que tomar nuestro destino en nuestras propias manos” (…) Tenemos que luchar por nuestro destino”.

Estas palabras de Angela Mekel en un acto proselitista tras la cumbre del G7 y la OTAN, son quizá la apertura a una nueva crisis entre la Unión Europea con los Estados Unidos de Donald Trump y el Reino Unido del Brexit y a la que se ha sumado también, el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, quien ridiculizó a Trump con gestos que están por fuera de la diplomacia cordial e invitando a Vladimir Putin a su casa (eso si, sin guardar reproches).

Las declaraciones tweeteras de Trump afirmando que la política comercial y militar de Alemania es “muy mala” para su país dado el déficit comercial enorme que guarda con los germanos, y la manera desproporcional de aportes que éstos hacen a la OTAN, es muy malo para Estados Unidos y diciendo que “esto va a cambiar”, desataron fuertes críticas de todo el arco político alemán. No fue Merkel, sino su contrincante en las próximas elecciones, Martin Schultz, quien criticó duramente la actitud de Trump diciendo que “pone en cuestión los valores democráticos y occidentales como nunca habíamos visto antes”.

A este cambio histórico en la política exterior y en su relación con Europa, esta semana el republicano le sumó un nuevo capítulo con el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París argumentando que el calentamiento global es un engaño de China y que perjudica a enormemente a la economía y a los trabajadores de su país. Tal cual lo había prometido en campaña de “cancelar” el pacto para reducir emisiones de dióxido de carbono dentro de los 100 días de ser presidente a fin de impulsar las industrias de petróleo y carbón.

El Acuerdo de París, que fuera firmado por Barak Obama en diciembre del 2015 con otras potencias, tiene como objetivo mantener la temperatura media mundial por debajo de dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales. Salvo el apoyo (¿inesperado?) de Rusia, esta decisión de la Casa Blanca trajo inmediatas reacciones no solo de países como Alemania, Francia, Italia, el Vaticano y otras naciones líderes que han expresado su frustración con esta posición sobre el cambio climático, sino que también al interior del propio Estados Unidos donde al menos 61 alcaldes y 13 Estados marcaron su desacuerdo a esta política y reforzaron su compromiso con las medidas de protección del medioambiente.

En este contexto, Trump anunció que no abandona la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas, a la que Estados Unidos adhirió en 1992, bajo la presidencia del republicano Goerge Bush padre.

Hay que tener en cuenta que si bien la salida no se materializará hasta dentro de casi cuatro años en el 2020, marcará un hito mundial en cuanto el cambio de la política ambiental.

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