¿Es real? Turismo Convencional Vs. Turismo de Aventura

El turismo convencional y el turismo de aventura nacieron y se desarrollaron como dos fenómenos independientes, sin ningún tipo de contacto ni de relación, como dos paralelas que jamás se tocan, pero que siguen un rumbo similar; el turismo convencional empezó como un privilegio de las clases más adineradas, de la elite. Por su parte, el comienzo del turismo de aventura es más reciente y fue percibido como la locura de unos pocos.

Argentina posee atractivos turísticos de jerarquía máxima para ambos tipos de actividades y, desde hace años, la cuenta satelital de turismo, certifica algunos de los beneficios que la demanda turística (receptiva e interna) trae aparejada.

El turismo, en el sentido clásico del término, se profesionalizó en universidades, se concentró en las miles de agencias de viajes ubicadas dentro de los límites de la Capital Federal, creó su propio lenguaje, creció y se convirtió en una de las principales actividades económicas del país y el único sustento de muchas regiones del mismo.

Vivió durante la década del 90, su período de auge en lo que se refiere a turismo emisivo, beneficiado por la paridad cambiaria y la posibilidad de viajar al exterior y debió rediseñar su negocio a partir de la devaluación, la coyuntura pareció entonces abrirle una puerta alturismo receptivo y Argentina se convirtió en un destino tan atractivo como económico.

El turismo de aventura se desarrolló en las zonas más vírgenes de la Argentina, formó guías y prestadores de servicios conocedores, por su experiencia, de la geografía y las condiciones de cada espacio recorrido, desarrolló distintas modalidades, siempre ligadas al riesgo y al contacto con la naturaleza, creció como consecuencia del esfuerzo y la dedicación de quienes aman la actividad aun ajenos, muchas veces, a la legislación existente.

Debió soportar discusiones relacionadas con la forma de comercialización de sus productos, con la necesidad de contar con un seguro y por la adecuación de su oferta a distintos tipos de públicos, debido a la intensidad y a la exigencia física que algunas actividades requieren.

Ambos se miran con recelo, casi con desprecio, dificultando una integración que empieza a ser necesaria. Muchas agencias de viajes agonizan vendiendo pasajes y paquetes turísticos de terceros y lucrando con una comisión que (después de la salida del uno a uno) a veces se asemeja a una limosna, muchas veces ni siquiera consideran la posibilidad de comercializar sus propios productos, mucho menos si están relacionados con el turismo de aventura, al cual catalogan como una actividad marginal, practicada por unos pocos.

Por su parte los guías de turismo de aventura (que legalmente deberían vender sus salidas a través de las agencias de viajes) prefieren, muchas veces, trabajar por su cuenta, ignorando a una amplia demanda potencial que, gustosa, consumiría sus productos; no integrándose a paquetes que logren diferenciarse incluyendo alguna excursión relacionada con la aventura, con el riesgo, con la actividad física.

El público que consume ambos mega-productos ya no es tan disímil, miles de europeos llegan anualmente atraídos por la virginidad de nuestros paisajes y por la posibilidad de desarrollar actividades de turismo de aventura en espacios en los cuales la intervención del hombre se reduce casi totalmente. Muchas veces combinan destinos, utilizando nuestras precarias conexiones aéreas y consumiendo elementos propios de productos turísticos tradicionales como hotelería, excursiones visuales, traslados, etc.

Los viajeros experimentados (muchos de ellos provenientes del viejo continente) que visitan nuestro país nos demuestran que los segmentos antagónicos ya no existen, que la diferenciación pasa por otras aristas. Así, no es raro ver como un europeo puede quedarse horas sólo observando el Glaciar Perito Moreno y al día siguiente realizar un exigente trekking por el Glaciar Upsala, pernoctar una noche en la más confortable de las cabañas y la siguiente al aire libre, bajo la luz de la luna mientras realiza el cruce de los Andes a caballo.

Muchas agencias de viajes segmentan sus productos volcándose al mercado corporativo, una de las oportunidades de negocio más efectivas y con mayor potencial en este tiempo. ¿Este tipo de demanda le es esquivo a los prestadores de turismo de aventura? De ninguna manera, actualmente son muy comunes las actividades outdoors para empresas, que podríamos resumirlas como actividades físicas (ejemplo un rafting), realizadas por miembros de una determinada empresa de donde surgen conclusiones válidas ligadas a aspectos organizacionales como el liderazgo la toma de decisiones, la reacción de los empleados ante escenarios con un alto grado de incertidumbre, etc.

Los turistas reclaman una integración y no se equivocan, quienes visitan Cataratas no dejarán de hacer las magníficas visitas panorámicas de rigor, pero a veces quieren insertarse en el paisaje y realizar un safari por la selva, o vivir las caídas de agua desde el mismo río; ambas partes podrían beneficiarse de esta unión, mejorando la oferta turística, promoviendo una legislación en común que actualice las ya vetustas leyes que regulan la actividad y compartiendo, de manera armónica, el uso del territorio natural.

Las nuevas tecnologías provocaron, entre muchos otros efectos, un acceso a la información casi ilimitado, muchos turistas planifican sus viajes sin moverse de su hogar, desde su pc o su notebook; quienes siguen optando por agencias de viajes (de cualquier tipo) demandan, con razón, un conocimiento integral del viaje en cuestión, con lo cual es indispensable invertir en el capital humano que logre estar a la altura de las circunstancias, dejando de lado dicotomías y recelos que perjudiquen el negocio.

Por otra parte la oferta académica debe actualizarse. Nos encanta conocer de los orígenes del turismo, indagar en la figura de Thomas Cook y de sus viajes, pero debemos formar profesionales cada vez más competitivos que salgan al mercado, con herramientas útiles que les permitan competir y desarrollar productos con un alto grado de segmentación y diferenciación.

El acercamiento de Guías de aventura y prestadores de servicios de la actividad a ámbitos universitarios o terciarios ligados al turismo es una posibilidad que ninguna institución que piense seriamente en el desarrollo de sus alumnos debería dejar de considerar.

Una postura matemática sostiene que en algún lugar del universo las paralelas se cruzan; ojalá haya llegado en nuestro país el momento en que los profesionales en turismo y las empresas de viajes se comprometan junto a quienes dedican su trabajo al turismo de aventura. No para cruzar sus destinos, sino para caminar juntos y forjar un futuro común para la actividad, consolidando la misma más allá de las circunstanciales beneficios cambiarios, potenciando un producto turístico basado en un desarrollo sustentable y sostenible.

 

 

Nota de la redacción : Documento extraído del sitio www.latinpedia.net 

 

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