En el país del no me acuerdo

Santiago de Chile. En la mañana del 11 de septiembre de 1973, no se derribaron grandes edificios ni los aviones chocaron al final de una serie de sucesos previsibles en un halo político de ciencia ficción, donde el mundo árabe reacciona encadenado a un libreto comenzado en 1994 con  el relato del “bien blanco” que cocina pueblos enteros por tan solo proponérselo unilateralmente a pesar de Naciones Unidas que, “¡Oh casualidad, reside en la mismísima New York City!

Esta es la recurrente saga del mundo del cine, adherida al arquetípico recurso del “Superhéroe Cool”: escupe mentiras, toma café y es “tan solo” un industrial matemático de alto rango social y tecnológico. Íntimamente conectado con la interna de las “Decisiones Universales”… ¡Que también se hallan globalizadas y sostienen al Mundo!, ¡de las cuales, la más importante… ¡Es la del superhéroe cool; ¡que también produce en serie la “solución electrógena”, que redime, quiebra o aplasta a toda la Humanidad!
En las antípodas, una capital sudamericana del Pacífico Sur, era colisionada a modo de asteroide, por una horda de cipayos cual zombies desencajados, manejados desde una mesa de “magos negros” de la Universidad de Chicago.
Sin poses fantásticas, sin capas negras o doradas, según la categoría, sin bellas mujeres de rigurosa impiedad; el resultado era uno solo:
Santiago ensangrentada. Y no surgió más que el crudo documento sin anestesia, cual atractivo circense, del tiro al blanco sobre el Palacio de La Moneda, sobre el mandato popular, Sobre Don Salvador Allende.
Y como colofón que refrendase “el asunto”, la burda “versión oficial”: Un suicidio de quién fuera el más grande abanderado del pueblo chileno, que ya había demostrado por los hechos, la eficacia del reparto equitativo, del consumo interno, del bienestar de la clase trabajadora, del empoderamiento popular por encima de las apetencias de los grupos concentrados de poder: ¡Sí, Él lo había logrado!
En tiempos difíciles, el bien común como objeto del deseo, pareciera sobrevivir solo cuando el Banco Central se haya quebrado y vacío, hasta que retoma su “ritmo normal”, cuando medidas nacionales y populares, proveen el respaldo necesario y creciente que toda nación progresista desea trabajando duro para ello!
En el tiempo, las generaciones futuras pueden, basadas en ciencia y tecnología que aseguran la calidad de vida de la gente, proyectar a largo plazo cuanto sea necesario!
A su vez, otra visión menos solidaria: la de los actores del “bien particular”, con su codicia comienzan a visualizar el tamaño del objeto de la traición manejándolo con precisión psicoanalítica (por no decir psicopática) hasta lograr mover el punto de encaje de casi toda una sociedad vulnerable, abusada por el poder de la “fuerza mayor”, la “necesidad y urgencia”, aflojando cada tuerca de la rueda de la vida de cada Persona; de Todo un País!
Chile había sido el primer experimento de este shock creado por la Escuela de Economía de Chicago liderada por Milton Friedman, asesor económico “expresamente encubierto” y fundacional del golpe de estado gestado por el poder económico multinacional asentado en Chile en ese momento con Pinochet como mascarón de Proa.
Esta implementación no es fácil de aplicar cuando tenemos Memoria y nuestra narrativa fundamenta los hechos de nuestra existencia. Pero cuando se pretende aplicar distancias de nuestra Historia real, es insalvable el aislamiento de cuyo resultado sobreviene una desorientación dirigida, una cárcel interior… y en el tiempo la nada más absoluta… y por supuesto, el Banco Central habrá sido vaciado por “Boqueteros oficiales” calificándose a sí mismos como “Salvadores de la Patria”: Superhéroes Cool a la Criolla”…Te suena!?
Esta actitud recurrente, casi de manual, se sirve del paso de los años: los que necesitan las corporaciones para usufructuar los dividendos que les proporcionan los diferentes consorcios de energía en primer lugar, y luego los financieros; siguiéndole los otros rubros, hasta llegar al más pequeño de los especuladores: el “ciudadano común”: sin memoria, sin elementos de juicio pero con un muy categórico “soy apolítico”, “no me caso con nadie”, etc. Este resultado absolutamente estudiado con proyecciones por el estilo, es el que mueve los hilos del mercado libre y no de un país libre.
Esta clásica y fatal herramienta, se extendió aquí: de 1976 a 1983 con características similares y aún más cruentas: en lo posible, la desaparición forzada de toda una Sociedad que no adhiriese, no se sometiese o no se conformase tan solo, más el agregado del robo de todo que pudiesen salvar de sus pertenencias, muebles o inmuebles, agregando y haciendo del robo de sus niñ@s pequeñ@s una modadldad criminal cual cazadores cuyos trofeos de guerra se reubicaban entre “amigos prójimos mejores”, criando hijos de gente que nunca pudieron entender: Gente que aún se espera con vida.
En 1985, se juzgó a la Junta de Comandantes de Facto y asociados civiles: “Nunca Más”… Un verdadero juramento para Toda la Humanidad.
Por alguna razón Universal, mas allá de lo cinematográfico, Hollywood otorgó el Oscar a “La Historia Oficial” de Luís Puenzo, con Héctor Alterio en el papel del apropiador, y Norma Aleandro como la Profesora de Historia que busca respuestas al origen de Gaby, la Nena que canta esa canción de María Elena Walsh “En el País de no me acuerdo”
Por Gustavo Villamayor

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