El triunfo de Donald Trump

El 8 de noviembre resultó electo presidente de Estados Unidos Donald Trump, el magante inmobiliario hasta cierto momento resistido dentro de las propias filas republicanas, con un discurso xenófobo y misógino que caló hondo en amplios sectores sociales y en una sociedad bajo contradicciones constantes.

No es casual que un hombre con estas características haya podido englobar las demandas de una diversa porción del heterogéneo electorado estadounidense. Por más desacuerdo que genere su campaña (por lo menos en el plano discursivo), resultaría imposible pensar un líder sin masas, pero más aún masas sin ese líder. Es decir que Trump es un producto de las contradicciones latentes de una sociedad más que compleja.

De hecho, la clase trabajadora blanca del interior profundo y del norte industrial del país, fue la gran aportante en votos ante la promesa a todas luces de mayor proteccionismo en una economía golpeada tras la crisis del 2008 fruto del modelo neoliberal y en un mundo que tiende a cerrarse fronteras a dentro. Pero también contó con una parte importante de latinos y en menor proporción de votantes negros.

A su vez vale recalcar, que fueron las peculiaridades del sistema electoral estadounidense, las que posibilitaron que Trump sea electo como presidente a pesar de obtener menos votos a nivel de sufragantes, pero la mayoría en el colegio electoral sumando todos los Estados. Esto se así dado que quien gane por un voto, se lleva todos lo electores de ese Estado.

Con respecto a los aportantes para las campañas de cada uno de los candidatos, vemos que Hilary Clinton contó con el apoyo de la mayoría del establishment económico. En cambio Donald Trump hizo alarde de la autofinanciación de su campaña, lo que no quita que haya recibido el visto bueno de otras corporaciones, como fue el de la famosa y poderosa Asociación del Rifle, que hace un fuerte lobby para proteger la enmienda que permite a cada ciudadano armarse en defensa de la patria.

En cuanto a la política internacional, debemos reconocer que la línea a seguir es aún una incógnita. No obstante, es muy probable que mantenga el rol de policía mundial, más aún con la avanzada de China en este plano, pero sin poder percibir la nueva estrategia a seguir.

Ganó Trump y no solo eso, sino que los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) quedarán alineados bajo la bandera de un mismo signo político. Ahora, queda por ver si esta condición política actúa como habilitante para que cumpla sus promesas de campaña (incluso las más impactantes como la construcción de un muro anti-migrantes en la frontera con México) o ver si sus discursos sólo fueron una muy buena estrategia electoral, siendo consciente de los límites que el poder del establishment impone, donde las presiones, sobre todo de la banca y del complejo industrial-militar, juegan su propio juego.

Todo esto, ante el avance de derechas a nivel mundial de tendencia cavernícola.

 

Por Valentín Steimbreger

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