El trabajo o la bolsa: crecer con empleo en la Argentina

Por Gabriel Rafart-Profesor de Historia UNCO

La cuestión del crecimiento del país puede ser visto de muchas maneras. Algunos prefieren observar la cantidad y calidad del empleo. Otros, en cambio, están decididos a mirar lo que pasa en el mundo financiero, entendiendo que en el tamaño de la “bolsa” -de dinero y títulos-, está el verdadero motor del crecimiento. ¿El trabajo o la bolsa? Sin duda la Argentina del presente con empleo de calidad para los más, es mejor que otra dominada por los agentes financieros. El país ya vivió la opción de la bolsa. Ello llevó a desandar de manera brutal el camino del crecimiento con trabajo y redistribución de las riquezas iniciado hace setenta años. No debe olvidarse que los defensores de la bolsa parten de una idea extrema, aún dentro del liberalismo que defienden: la riqueza no se distribuye, se gana. Se niegan a pensar que crecer con riqueza es tanto una empresa social como un bien que debe ser de los más.

El tiempo actual del kirchnerismo gobernante y la década que lleva se parece mucho a aquel del Estado Social del primer peronismo. Ese que pensaba y actuaba con una política económica que tenía en el horizonte el pleno empleo y salarios elevados para el sector urbano industrial. Que también ponía al Estado al servicio de un proteccionismo nacionalista para el sector productor de bienes de consumo de capital local. Por supuesto que el presente de este Estado Social asume rasgos propios: por ejemplo con el protagonismo de las paritarias y un mundo de trabajadores organizados que cuentan con una rica y variada vida político-sindical. Se podría decir que los laburantes de hoy disfrutan de los beneficios extras que dan la mayor libertad posible tanto para la negociación salarial y de condiciones laborales como para poder aceptar la organización que los represente.

Es cierto que el país del empleo absoluto o de un pleno empleo no ha llegado, aunque se acerca a esa idea. Que mucho trabajo está mal remunerado y es precario, también es cierto. Que un tercio del volumen total sigue bajo la informalidad en eso que se conoce como trabajo en negro. Que su presencia no es ignorada por el gobierno. Desde el 2003 se generaron políticas que fueron al núcleo duro de la informalidad. No siempre directas pero si abundantes para compensar las pérdidas que la informalidad produce. Fueron prestaciones y dineros al bolsillo de quienes carecían de empleo formal. La Asignación Universal por Hijo más adelante complemento esas iniciativas. El plan Progresar para jóvenes también supone abordar ese universo social. Por si fuera poco, aunque con demoras, se están tomando otras medidas de carácter legislativas y de mayor presencia estatal. Se está en la puerta de un combate desigual y su éxito puede marcar un cambio de época, aún de sentidos sobre el significado del tiempo kirchnerista. Cuentan las iniciativas en marcha lo que pasa con el empleo de personal de casas particulares. Si resultan exitosas será una verdadera revolución en el campo laboral. Algo similar a lo que ocurrió con el Estatuto del Peón de los años del primer peronismo.

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