El tiro final

*Por Sebastián Alegre

Esto que hoy escribo comienza por el final. Porque discurren tiempos en que nos vamos habituando a finales. Todo parece ir irremediablemente a finales, a los peores de ellos. Sucede que cuando la bestia da señales de dar sus últimos estertores de clausura, busca arrastrar todo a su propio final. Y el final por el que elijo comenzar es descarnado e indignante: mataron a otro pibe. En el Chaco, en la localidad de Saenz Peña, “finalizaron” una vida plena, de apenas trece años de un disparo ¿policial? -como si hubiera lugar a la duda- en el corazón. Tal es el final por el que elijo comenzar.

Unas horas antes, todo el circo matutino se ponía en marcha ante la expectativa de un anuncio presidencial que iluminaba con el brillo opaco de los últimos anuncios presidenciales los televisores de casas, hogares, bancos. Dos señores en la mesa de un café tienen cara de haber dejado de creer. Tienen una pose de estar habituados a opinar demasiado y sin sentido. Con una mueca cínica siguen el curso de los anuncios. Vuelven las retenciones, dirán. Hablan el idioma incomprensible de esos que opinan sin explicar nada. Hablan de tasas, de “encajes”. Nombran siglas indescifrables. Alcanzo a reconocer apenas dos: UVA y FMI. Hasta que uno habrá -finalmente- de exclamar: “estos se están pegando un tiro en el pie”. Todo el día habrá de perseguirme esta metáfora. “Un tiro en el pie”. Una herida auto infringida por estupidez o para eludir otra lesión más grave, o acaso final.   Y pensé: ellos son siempre metáfora, mientras nosotros y nosotras ponemos los cuerpos. El mercado -dirá el suplemento económico- tiene “hambre de dólares”, mientras que al pueblo sólo le alcanza para el hambre, así a secas. Su hambre se ve en las estadísticas e índices. El pueblo, lo siente en las tripas. Ellos cuando sienten la voracidad, saquean. Y hasta su saqueo parece metafórico; sus “corridas” nunca son con la yuta pisándoles los talones. Su saqueo no conoce más escándalo visible que el de una flecha roja en una pantalla que sube o baja al ritmo de las cotizaciones.

Pero el hambre del pueblo es muy otra cosa. Es puro cuerpo. Es -en su estado acuciante- el caos del ladrillo rompiendo el límite entre tener hambre y dejar de tenerla. Pero entre el país del hambre y el imperio de la abundancia, hay una aduana custodiada por perros rabiosos. Ayer en la provincia del Chaco, en la localidad de Saenz Peña ese pibe -creo que Ramírez es su apellido que mañana se estampará en una cruz de fierro con un corazón de chapa- sintió en su pecho esos colmillos. Ya lo sé. Estoy abusando de la metáfora cuando los hechos son más directos e inapelables: a ese pibe lo asesinaron de un tiro en el corazón. Punto Final. Pero curiosamente sigo pensando en esa imagen del principio para denunciar el saqueo, el verdadero, el que más daño hace. Ellos se pegan un tiro en el pie y pueden darse el gusto de vivir rengos una larga y cómoda existencia. Pero con ese pibe que mataron nos hicieron una herida mucho más profunda de la que costará levantarse. Porque cuando matan de esa forma a un pibe de trece años, sentimos que nos han pegado un tiro en el futuro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.