El tarifazo: más crudo con quienes menos tienen

En febrero de este año, más de 400 familias recibieron sus viviendas en el barrio Cuenca XVI. La obra, anunciada por el gobernador Gutiérrez con bombos y platillos, fue entregada sin la instalación de gas finalizada. Sumado a esto, llegó el tarifazo y este mes, los vecinos recibieron facturas de luz por más de 3 mil pesos debido a la necesidad de calefaccionarse con estufas eléctricas.

El reclamo fue llevado a la Defensoría del Pueblo de Neuquén.  Hasta el momento, la única entidad que respondió fue CALF, donde se dijo a los vecinos que podrán pagar las facturas en cuotas, lo que, por supuesto, no los dejó conformes.

Esta vez la situación se da en un barrio en particular, pero son miles los vecinos neuquinos que, al no contar con red de gas, sufren las consecuencias de tener que pagar altísimas cifras en sus facturas de luz. De manera contraria a lo que muchos funcionarios que apoyaron la quita de subsidios argumentaron, quienes más consumen servicios no son quienes más ingresos económicos tienen. Por el contrario, las viviendas precarias o con terminaciones de menor calidad, son las que más luz y gas consumen.

A esto se suma la crítica situación por la que atraviesa el programa que otorga la garrafa social. La semana pasada, la Multisectorial contra el Tarifazo denunció en el Concejo Deliberante neuquino que los bonos repartidos por la provincia para acceder a este beneficio son cada vez menos. Además, los beneficiarios afirman que el servicio de distribución y transporte es ineficiente, lo que los obliga a recurrir a la compra a privados que, especulación mediante, cobran la garrafa más de doscientos pesos.

Aún peores situaciones que las económicas han tenido que enfrentar familias que, por colapso de las instalaciones eléctricas –que no están preparadas para esta sobrecarga-, han sido víctimas de incendios e incluso de descargas eléctricas que se han llevado vidas. La calefacción mediante leña o estufas por combustión de sólidos también implican mayor riesgo de incendio, además de afecciones respiratorias graves.

Cuando la pobreza aprieta, la suba en las tarifas de servicios esenciales no afecta sólo el bolsillo, sino que implica una mayor exposición a riesgos que pueden costar la vida. Esto refleja que no se trata de una discusión por unos pesos de subsidio, se trata de políticas de Estado que protejan la integridad de la población, cosa que a los defensores del “sinceramiento” parecen no conocer.

 

Por Paz Colobig

pazcolobig@manoamanonoticias.com.ar

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