El rock regional: un espacio a explotar.

Por Agustín Prado
Músico, Profesor en Historia.

El rock de esta región lleva larga data. Tenemos quizás dos grandes epicentros que han visto nacer a grandes artistas de nuestro rock. Hemos llegado a un punto en el que podríamos hablar ya de la posibilidad de fundar un nuevo movimiento como lo fue Seattle en los `90 en Estados Unidos o el Canterbury en Inglaterra en los años `70. El influjo de la aspereza de nuestras tierras, los otoños amarillentos, y los cálidos veranos secos han hecho de quienes hemos dedicado gran parte de nuestras vidas a la música a empezar a repensar las formas en las que recibimos el rock proveniente de otros lados y, porque no, el de Buenos Aires, para poder reinventar el concepto de un rock con carácter del sur.

Los ejemplos son varios. La Moto en Neuquén ha pensado en clave de rock, la vivencialidad del sujeto popular urbano con más de 20 años de carrera. En el caso de FiskeMenuco (General Roca) han existido innumerables artistas como Cacho Lobello, por ejemplo, que ha dedicado parte de su repertorio a cantar por los pueblos originarios, o por figuras santificadas de orden popular como lo fue “El Marucho”. La ciudad de FiskeMenuco ha sido un semillero de artistas en general y siempre se ha asociado esto a que existe un importante conservatorio. Sin embargo no soy un adepto a esta idea porque, por un lado, la mayoría de los artistas de rock de esa ciudad no han pasado por el conservatorio de corte clásico como lo es el actual IUPA. Periféricamente al artista de rock lo ha movilizado otra cosa que es muy difícil de vislumbrar; quizás es como bien supo decir Frank Zappa, el extraordinario músico y compositor norteamericano, en tanto que la necesidad es la madre de todas las invenciones.

El problema de nuestra región es quizás un problema que atraviesa en general a todos. El primero es que hay una lógica de hacer covers y canciones de otros para atraer público. Esto es un error porque por más que el músico ejecute muy bien el tema del artista que compuso la canción en algún momento, cuando este quiera hacer sus canciones, no van a tener el mismo impacto de las versiones que antes tocaba. Preferible entonces animarse a armar canciones. Por más que estas no sean al principio atractivas siempre habrá un gesto de nobleza. Otro problema es que la actividad del artista suele ir más rápido que la de la infraestructura. Ningún municipio que pretenda una actividad enfocada en la cultura puede desconocer la actividad de sus artistas. Es por eso que es necesaria la actividad política del músico. Hay espacios de anclaje como por ejemplo AMI en Neuquén o Alpataco en FiskeMenuco. Uno de los logros más importantes en materia de cultura ha sido la ley de música y es por eso que, cualquiera que decida sumarse al trabajo de músico, más allá del género, está obligado a luchar por un trabajo en condiciones dignas y para eso está la ley.

Mientras tanto la búsqueda por un arte genuino existe y persiste. Hace años que la bola viene rodando y cada vez son más los que empezaron a comprender que como dijo Charly García “¿Dónde más vas a ir? Es que aquí sabes el trabalenguas”. La fama y el deseo de reconocimiento no deberían ser dos deseos necesarios en la vida del músico de rock; al artista lo debe motivar otra cosa, el arte en esencia y aportar un pedazo a la cultura. Para eso hay que romper con ese esquema por el cual Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires. No es necesario irse. Lo que es necesario es poner nuestro ojo en lo que nos sucede y contarlo en clave de música.

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